domingo, 22 de febrero de 2015

La novela negra se ha vuelto respectable. ¡Qué desastre!



Me topé el otro día con una magnífico artículo de Santiago Álvarez, que hace poco ha publicado La ciudad de la memoria, que quisiera compartir con vosotros y dejarlo publicado en mi blog para no olvidarlo.
Me ha parecido tan bueno, tan bien escrito que vale más la pena compartirlo con vosotros íntegramente que hacer un resumen.

Eso sí, si queréis leerlo desde la página del autor CLICAR o si queréis dejarle a él vuestras opiniones al respecto.

Me gustaría saber vuestra opinión al respecto. ¿Creéis que estamos más cerca del fin?

De negro y respetable
por Santiago Álvarez

Últimamente acudo a diversos festivales y charlas que donde se cuestiona habitualmente sobre el boom que sufre en la actualidad el género negro, tanto en su versión literaria como en series de televisión y la gran pantalla, fenómeno que llega ya a nuestro cine nacional (acentuado por el reciente éxito de «La Isla Mínima»).

Cuando nos preguntan a los autores por el presente y futuro del género, casi todos decimos lo mismo, lo cual puede ser fruto de nuestra falta de previsión o, más probablemente, de nuestra convicción en las fuerzas que están en juego.

El boom es peligroso en la literatura, porque la onda expansiva se lo lleva todo y luego no queda nada. En Pamplona Negra, el diario de Navarra usó como titular «Por qué la novela negra se autodestruirá». En Valencia Plaza, unos de los puntos de discusión fue «Del Boom al Crash».

Cuando The Kinks fue introducido al Rock and Roll Hall of Fame en 1990 (el tercer grupo británico que lo consiguió, tras Beatles y Stones), su líder Ray Davies tomó la palabra para dirigirse al público que abarrotaba la sala con sus galas de fiesta, esmoquin y pajaritas. «Viendo a todo el mundo aquí esta noche, me doy cuenta de que el rock and roll se ha convertido en algo respetable». El público aplaude creyendo que se trata de un piropo sin intención, hasta que el líder de The Kinks remacha con un suspiro teatral: «¡Qué desastre!». La audiencia ríe sin saber por qué. No tienen opción.

Que estas palabras salieran de la mente tras un banda rebelde de los suburbios del norte de Londres, que durante toda su carrera desafió con sus letras y su actitud a los poderes establecidos y que denunció las diferencias sociales, subraya el hecho de que el rock and rolll era algo más que un pasatiempo agradable con el que movíamos nuestros pies entonando letras sonrojantemente sencillas. El rock’n’roll es actitud, sacudir lo establecido, cuestionarse lo que se da por sentado.

La novela negra corre actualmente ese mismo peligro. Las editoriales han descubierto un filón de oro (o de plata, o de bronce, dados los tiempos actuales) y destinan gran parte de su maquinaria a abastecer al público sin filtros de calidad o con autores que no creen en el género y que se apuntan a una moda pasajera esperando buenas ventas. Es la gallina de los huevos de oro (o de plata, o de bronce) que, conociendo nuestro empeño patrio, corre el riesgo de terminar seca y sin fruto.

Ojalá me equivoque, y el género noir (que en nuestro país está levantando, dicho sea de paso, una gran cantidad de nuevos festivales) no termine convertido en algo respetable, domesticado, desprovisto de su descarnado núcleo, ese que explora los rincones más oscuros de nosotros mismos. El que trata de explicar por qué, en la noche sin luna, una niña camina llorando por las calles sin que nadie la auxilie mientras, oculto en su abrigo de sombras, un siniestro personaje sonríe para sí mismo.
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