lunes, 2 de marzo de 2015

Reseña: La verdadera historia de la nariz de Pinocho - Leif GW Pearsson (Grijalbo)

 SINOPSIS
Thomas Eriksson, el famoso abogado de los peces gordos de la mafia y los bajos fondos de Suecia, ha sido asesinado en su casa de Estocolmo. El caso compete al departamento de policía de la ciudad y, en concreto, al menos ortodoxo de sus comisarios: el machista, despreciable, marrullero y poco amigo de las virtudes de una vida sana Evert Bäckström. 

Lo primero que hace Bäckström al conocer la noticia es alegrarse. No cabe duda, es su mejor día: su archienemigo ha muerto. Lo segundo, qué remedio, es emprender la investigación. Ello le pondrá en contacto con testigos varios, mafiosos, miembros de los Ángeles del Infierno, confidentes de la policía y aristócratas aficionados al arte, quienes le conducirán a un curioso objeto que, desde hace un siglo, en una enrevesada trama histórica en la que aparecen nombres como los del zar Nicolás II, el primer ministro británico Winston Churchill y el presidente ruso Vladímir Putin, ha ido pasando de manos hasta caer en las suyas. Y una vez más, contra todo pronóstico, será él quien ponga el punto final a una larga historia.


Complicada reseña la de La verdadera historia de la nariz de Pinocho de Leif GW Pearson por varias razones, pero el principal escollo es su protagonista el comisario Evert Bäckström que me ha descolocado en más de una vez y ha hecho que me replantee si tenía ganas de seguir las peripecias de un comisario vago, corrupto, demasiado pendiente de su supersalami, egocéntrico y narcisista al extremo, pero para mí lo peor de todo: machista y homófobo. Me cuesta entender que le tengamos que reír las gracias a un personaje que no tiene ningún respeto por homosexuales y lesbianas. En la vida real no lo aceptaría de ninguna forma; en la ficción he intentado entender que era eso, ficción, y que el autor intentaba mostrarnos un personaje extremo. Pero como dice mi compañero Aramys: «ojo porque hay muchos tipos de marrullero.», para luego añadir: «Un auténtico hijo de puta.». Y no podría estar más de acuerdo.
Quizás sí Persson quiera juntar todo lo malo que ve en la sociedad en un solo personaje para hacernos reflexionar. No sé, qué queréis que os diga. Se puede hacer reflexionar de muchas formas y no por ello tiene que existir un Bäckström.
Me gustan los antihéroes, pero creo que Bäckström se ha pasado en muchos momentos de la novela y ha hecho que mi interés decayera ante una novela, todo hay que decirlo, una buena novela procedimental, pues si alguna cosa tiene buena es el detallado procedimiento de cómo afrontar lo que en principio parecen dos casos un tanto insulsos y un asesinato que en principio nada tienen que ver.

Leí el otro día una crítica de la novela que se preguntaba: «¿cómo Persson consigue hacer un antihéroe tan eminentemente entretenido? Es un misterio.» De ahí radica la dificultad de la reseña: la novela es entretenida con Bäckström incluido, pero no creo que sea un misterio el por qué. Creo que la fuerza de la novela está en sus personajes secundarios, múltiples y muy bien construidos que le dan el contrapunto a ese odioso antihéroe. En muchos momentos de la novela notas que hace tiempo que el comisario no aparece, casi seguro que estará almorzando, durmiendo o follando, pero lo peor es que no lo echas de menos por el buen trabajo de esos secundarios. Sí, la novela sería otra sin el comisario, pero a lo que me refiero es que consigue saturarte con su comentarios fuera de tono.

Más de seiscientas páginas que creo que se pueden recortar. Me ha costado llegar al final. Ya lo he comentado antes, estaba saturado de las bromas y los actos del gran comisario y encima el caso me dejó de interesar cuando vi por dónde iban los tiros y más después del muro de la página trescientos cincuenta dónde el autor nos regala una larga y aburrida clase de historia en la que descubriréis el misterio de la nariz de Pinocho, aunque bien es cierto que en la página final leeréis la verdadera historia de esa nariz. Creo que la cosas se pueden mesurar y el propio Bäckström en voz del autor sabe que nos está metiendo un rollo de narices, y nunca mejor dicho, cuando le dice a su interlocutor que vaya al grano del asunto y el otro sigue dando rodeos comiendo y bebiendo como cosacos.

Luces y sombras para una larga novela que, y lo he dicho al principio, funciona bastante bien si intentas cogerte a Bäckström con humor. A mí me faltó un poco o quizás no tenía lleno el depósito como otras veces.
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