lunes, 29 de junio de 2015

Reseña: Zombies de Leningrado - Javier Cosnava (Dolmen)

 SINOPSIS
1942. Los ejércitos de Hitler han invadido Rusia ya hace un año. 

 Al llegar a la ciudad de Leningrado han decidido sitiarla, bombardearla y reducirla a cenizas para dar una lección a los soviéticos. 

Pero lo que no saben es que, al condenar al hambre a los millones de personas que se refugian tras sus muros, han puesto la primera piedra en el nacimiento de una legión de zombies hambrientos y de carroñeros Masticadores. 

Esta es su historia, la de la primera novela Z basada íntegramente en hechos reales. 




Dicen que la época dorada de los libros de zombies ha pasado. Otros por el contrario se escudan en las ventas para decir lo contrario: zombies, novela negra, históricas y románticas son un pilar importante del negocio literario. Yo no tengo datos con lo que dar la razón a unos o a otros, pero sí tengo sensaciones y estas me dicen que la proliferación de novelas del género zombie ha caído en su publicación y por contra las anteriores apuntadas no.
Es por ello que creo que el género necesita reinventarse y buscar nuevos frentes para seguir satisfaciendo a los habidos de sangre y carne cruda.
Javier Cosnava lo entendió hace años cuando publicó 1936Z. Guerra Civil Zombi, su particular versión de lo que pudo ser la Guerra Civil española y que, como no, os recomiendo, y lo ha vuelto a entender ahora con Zombies en Leningrado una muy buena aproximación a uno de los capítulos más olvidados de la Segunda Guerra Mundial.

Se ha hablado mucho de las Ardenas, del día D, incluso de Vovolgrado, pero poco de Leningrado y lo que fue: uno de los episodios más cruentos de la Segunda Guerra Mundial.
Solo por eso, por saber un poco más de lo que allí aconteció vale la pena leer la nueva publicación de Javier Cosnava en Dolmen Editorial.

Siempre que he leído al catalano-asturiano he podido decir que es un valiente al afrontar sus novelas y sobre todo al desnudarse por completo en sus apéndices finales que muchos se ahorran y así les va. Javier Cosnava ha sido criticado en alguna ocasión por utilizar artefactos literarios para que todo le pudiera cuadrar y al hacerlo alejarse un tanto de la realidad. Yo no puedo entender dichas críticas, pues están sobradamente explicadas al final del libro y además, la intención de la novela está de sobras conseguida. ¿Qué más da que una casa estuviera unos cientos de metros más al norte o al sur si en definitiva sucedió lo que sucedió y así el ritmo narrativo no se ve alterado? Las licencias literarias están para eso, para utilizarlas y se agradece que luego se nos explique cuáles han sido.
Tampoco me voy a poner a hacer una defensa a ultranza del trabajo de Javier Cosnava, él mejor que nadie se puede defender, pero lo que sí puedo decir como lector es que una vez leída la novela y una vez leído el apéndice mi satisfacción ha mejorado aún más y me ha hecho ver el gran trabajo de documentación que ha realizado el escritor para poder ofrecernos una magnífica novela.

¿Y los zombies qué? ¿Qué pintan es todo esto? ¿Qué pintan en 1942 en Leningrado? Creo que es la parte más fascinante de la historia. De nuevo, como sucedió en 1936Z, Javier Cosnava no da una clase magistral de los tipos de zombies que pueden existir y sobre todo, a qué podemos llamar zombies y cuán amplio es el vocablo.
Creo no equivocarme cuando digo que los zombies que nos dibuja el autor son los más terroríficos que he conocido. Javier Cosnava sabe jugar con el terror más puro para hacernos correr, pues Zombies en Leningrado se podría considerar una road movie, pero sin vehículo de por medio que aún es peor: correr, correr, correr y no mirar atrás. Ya se encarga el autor de pintarnos escenas dantescas totalmente documentadas y en las que el tópico de la realidad supera a la ficción se cumple.

Una novela llena de buenos personajes, reales y ficticios, pero bien engrasados entre ellos para que la novela funcione como funciona, con un ritmo fluido, absorbente, atrayente; con una narradora convincente y con una trama sencilla que hará que casi de una sentada te leas la novela y puedas involucrarte en el horror que fue el asedio nazi de Leningrado y en el que murieron más de un millón de personas la mayoría de hambre y enfermedades.

Por poner algún pero, quizás en algunos momentos los diez años de la protagonista están un poco superados a la hora de hablar, pero tampoco chirria mucho al no hace grandes filosofadas. Se podría mejorar en ese sentido, pero ya digo, por poner un pero al gran trabajo de Javier Cosnava que consigue entretener y los mejor de todo que al acabar sus libros hayamos aprendido alguna cosa nueva.
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