lunes, 27 de julio de 2015

Reseña: Este muerto no lo cargo yo - María Clara Rueda (Alrevés)

 SINOPSIS
Diego Almeida no es valiente. Solo es un tipo cualquiera. O lo era. Dejó de serlo el día en que aceptó la invitación de un fulano para pasar en su casa lo peor de una borrachera espantosa. Ese día el mundo se le vino encima. O acabó de venírsele porque ya desde antes la cosa iba en bajada. Aun así, si tuviera que jurar, si tuviera que elegir entre los muchos desastrosos momentos de su infeliz pasado, sin duda elegiría ese como el día en el que para él comenzó el infierno. 

Y Almeida no está bien preparado: abogado comercial (desempleado), pelele sin remedio (según su madre) y amante regular (según él mismo), Diego no ha visto en su vida un cargamento de coca, no sabe una palabra sobre la trata de blancas y jamás, jamás, ha asesinado a nadie. 

Por culpa de ese mal momento, ahora tendrá que aprender, y rápido, a deshacerse de cadáveres que empiezan a oler en serio, a fabricar otros antes de que los vivos acaben con él, a salvar el pellejo sin poder confiar en nadie. En su haber tiene: la notable elasticidad de sus escrúpulos y una absurda, patética, incapacidad de creer en su mala suerte.


 «Pero es él. El tipo que acabó conmigo. La pesadilla de la que llevo huyendo ya no sé cuántos días.[...] El problema que cambié por esta catástrofe que es hoy mi vida.»

Con Este muerto no lo cargo yo y, la colombiana afincada en Suiza, María Clara Rueda nos encontramos de nuevo ante uno de esos maravillosos casos de justicia literaria en la que se demuestra que no hay que rendirse al tocar puertas por muchas que se nos cierren en los morros.
Y explico esto porque el escritor Ricardo Bosque nos cuenta en su reseña de la novela que en junio de 2014 recibió un pdf de la novela autopublicada por la autora, que por entonces llevaba por título Yo no sé matar, pero puedo aprender,  y que al leer las primeras páginas se dio cuenta que era oro puro. Fue entonces cuando se puso en contacto con los editores de Alrevés para que le echaran un ojo; les gustó y la publicaron.

«de casilla en casilla, sobre un tablero de opciones crueles al arbitrio de unos dados cargados.»

De lo primero que os daréis cuenta al iniciar la lectura es de su trabajado vocabulario dotando al texto de una forma bastante poética acompañada de ese susurro amable sudamericano que hace que nos deslicemos por encima del texto.
Lo segundo, los toques de humor que encontraréis en muchos momentos de la lectura y diría más, los toques disparatados de locura que provocará el protagonista de la historia y que le dan, como siempre digo, ese pequeño valor añadido de la sonrisa y que nos hace sentir mejor dentro de una gran catástrofe, y es que si no miramos hacia arriba es difícil salir de un pozo.

«Hasta los cobardes como yo levantamos la cabeza de vez en cuando.»

Esa sería un poco el lema de la novela que, por muy derrotados que estemos tenemos que seguir para delante, pues cada día hay una nueva oportunidad de afrontar un problema para salir victoriosa, aunque María Clara Rueda no se lo pone fácil a Diego Almeida, el protagonista.

La autora también nos habla de las dificultades a las que se tienen que enfrentar todos los emigrantes y del cómo muchos se meten en problemas, casi sin buscarlo, de los que es difícil salir.
Muy emotivo el momento en el que el protagonista se resiste a volver a su país peor de lo que se fue lo que supondría una monumental derrota. Al leerlo he pensado en todos los que deben estar atrapados en esa misma encrucijada sin visos de solución y que además son señalados por la sociedad. ¿No tiene todo el mundo derecho a una vida digna?

Novela narrada en primera persona por uno de esos personajes que tanto nos gustan a los que leemos novela criminal: un perdedor, y de los buenos, de esos que se cuando parece que salen a flote se meten en otra historia aún peor de la que han salido.
Esa primera persona dota de personalidad a la novela. Pero lo mejor es cuando de vez en cuando utiliza la tercera persona para llamar al lector, para pedirle que participe. Me han gustado mucho esos momentos.

Genial uno de los actores secundarios de la novela: el hombre del frac. No os perdáis detalle de él y de la reflexión que la autora provocará con sus acciones.

No sé a vosotros, pero a mí me gustan mucho las historias simples que se van complicando poco a poco, en las que te pones en la piel del protagonista y dices: dónde me he metido. Este muerto no lo cargo yo es de esas historias y todo narrado de una forma muy fresca para que sin darte cuenta llegues a un coherente final.

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