jueves, 3 de septiembre de 2015

Reseña: La gente feliz lee y toma café - Agnès Martin-Lugand (Alfaguara)

 SINOPSIS
Tras la muerte de su marido y de su hija en un accidente, Diane lleva un año encerrada en casa, incapaz de retomar las riendas de su vida. Su único anclaje con el mundo real es Félix, su amigo y socio en el café literario La gente feliz lee y toma café, en el que Diane no ha vuelto a poner los pies. 

Decidida a darse una nueva oportunidad lejos de sus recuerdos, se instala en un pequeño pueblo de Irlanda, en una casa frente al mar. Los habitantes de Mulranny son alegres y amables, salvo Edward, su huraño y salvaje vecino, que la sacará de su indolencia despertando la ira, el odio y, muy a su pesar, la atracción. Pero ¿cómo enfrentarse a los nuevos sentimientos? Y luego, ¿qué hacer con ellos?


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De vez en cuando va bien aparcar un poco el mundo negrocriminal y dejarse llevar por otro tipo de lecturas que uno cultiva menos.
Casi siempre me pasa cuando lo hago, no sé, me relajo y me siento cómodo, aunque reconozco al final que no sabría si podría enlazar otro lectura similar a continuación, pues necesito mi dosis criminal para no tener síndrome de abstinencia.

Recuerdo cuando compré La gente feliz lee y toma café de Agnès Martin-Lugand, y no lo hice para mí, sino para regalar. Lo primero fue la fantástica decoración que tenía la librería. Daban ganas de comprar todos los libros que habían expuestos; estaban colocados de forma exquisita, y con una música de fondo relajante, que no molestaba y te incitaba a leer.
Luego me fijé en la portada. Me entró por los ojos con un flechazo. A continuación el título: genial, aunque después he comprobado que estaba mal aprovechado. Y para cerrar el círculo la contraportada. Estamos ante un buen trabajo editorial en ese sentido. Añadimos a la ecuación la sonrisa de la dependienta; no es para mí, le dije, verás cómo le gustará, me contestó; el libro encima del mostrador.
Y así fue cómo llegó a casa para cumplir las expectativas creadas, pues duró menos y nada entre las manos de mi pareja y dijo que no era para tirar cohetes, pero que le había entretenido.
Fue entonces cuando decidí hacerle un hueco en mis lecturas apoyado en esa seducción inicial, el comentario de su lectura y, cómo no, el reducido número de páginas, no me iba a desviar mucho de mi camino.

La gente feliz lee y toma café está encuadrada dentro del subgénero romántico llamado chick lit, que para quién no lo sepa y por definición es literatura para chicas. Supongo que eso ya lo tenemos superado y sabemos que no existen libros para chicos y libros para chicas, aunque bien es cierto que si eres chica quizás puedas empatizar un poco más con lo que sucede en una novela como La gente feliz lee y toma café al llevar casi todo el peso la protagonista y sobre todo al estar repleta de tópicos, muchos más vividos por una mujer que por un hombre, que a fuerza de leerlos se hacen comunes y casi diría que no se podría entender una novela así sin ellos (por positivizar un poco el tema tópicos).

Una novela sencilla, sin quebraderos de cabeza, y diría que demasiado sencilla, pues los temas tratados se podría decir que son profundos, pero la autora pasa de puntillas sobre ellos desaprovechando la oportunidad de desarrollarlos. Los pone sobre el tablero de ajedrez y busca el jaque mate con demasiada velocidad.

Todo sucede muy rápido, incluso los estados de ánimos, de la destrucción interna a la máxima felicidad en dos páginas y sin muchas explicaciones de por medio. Lo que comentaba en el párrafo anterior: superficial, pero efectiva por lo que parece y se desprende de las ventas.
Quizás deba ser así, no sé, no soy un experto en chick lit, aunque estoy convencido (antes de que me tiréis la caballería por encima) que no todas son igual.

Lo mejor, quizás el viaje a Irlanda, aunque tampoco deja muy bien a los irlandeses que digamos, bueno, dicen que son alegre y educados, pero de nuevo los tópicos hacen que desaproveche una oportunidad de descubrirnos algún paraje que visitar y no fijarse tanto en las ovejas y en los pubs.
Eso sí, lloviendo toda la novela, o casi toda.

Comentaba que el título está mal aprovechado, pero he de suponer que la autora lo utiliza como metáfora final, como cierre, sin que pueda explicar mucho más para no generar spoiler, pues bien es cierto que leer no se lee mucho en la novela, las referencias literarias son escasas, una clara a Arnaldur Indridasson, y tomar café, que yo recuerde uno al principio y luego se tiró al tintorro y la cerveza negra.

No quisiera olvidarme de comentaros que La gente feliz lee y toma café vuelve a ser una de esas novelas que muchas editoriales rechazaron, y se entiende ya que no tiene nada especial, pero que fue superventas en Amazon, el lector siempre tiene la última palabra, y al final fue rescatada para publicarse en papel, y se entiende si hablamos de vender y dinero.

Sería genial que la gente feliz leyera y tomara café, pero creo que la cosa no es así, que la definición de felicidad en España va por otros derroteros.



Si te gustó o interesó
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Otra propuesta
El atelier de los deseos, Agnès Martin-Lugand

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