viernes, 22 de enero de 2016

#Reseña: En el cielo no hay cerveza - Carlos Salem (Navona)



SINOPSIS

Un asesino en serie está eliminando a los más conocidos periodistas de tele-basura. El principal sospechoso es Diosito, un freak de efímera fama desaparecido hace tres años tras ser ridiculizado en directo por esos mismos periodistas. Diosito aseguraba ser el hijo pequeño de Dios, venido a la Tierra para superar la fama de su hermanastro Jesús, a quien detestaba por sumiso. Sólo un viejo amigo, al que llaman El Poe, cree en su inocencia y recorre las calles de Madrid para hallar al hijo pequeño de Dios antes que los policías corruptos que quieren matarlo. Cuenta con la ayuda de El Perro, un romántico y brutal policía enamorado de una puta virgen, y del detective Arregui, contratado por el Vaticano para evitar el escándalo. En su camino para demostrar que Diosito no es un asesino, el Poe se cruzará con sus antiguos "apóstoles" (antes fracasados músicos de rock y ahora prósperos empresarios); con su temible madre; con su padrastro el empresario de televisión George S. Atan; y con Magdalena, un transexual colombiano que fuera el gran amor del fugitivo. Tal vez logre salvar a Diosito, o tal vez no. Pero cumplirá con la promesa que le hiciera cuando eran inseparables: escribir, a partir de sus andanzas en busca de fama, un Evangelio de Cerveza-ficción.

Sabía que me estaba perdiendo algo. Soy consciente que cada día que pasa me pierdo mucho y que el tiempo no da para más, pero con En el cielo no hay cerveza tenía una sensación más fuerte. Por eso se la pedí a los Reyes para así obligarme a leerla al tener firmado un pacto con el diablo en el que dice que primero me leo los regalos y luego los que me llegan.

«saco un puñado de cerillas y las cuento: catorce. Sí.»

La frase anterior es del personaje principal de la novela, del narrador, que casi siempre se fía de las cerillas que lleva en el bolsillo, las cuenta y luego decide. La inseguridad personificada, la duda constante, pero también es normal que se siente así, pues piensa que: «Durante años he ido por la vida sintiéndome un rey Midas de la antimateria, destinado a convertir en mierda todo lo que tocaba.»
Como podéis comprobar nos encontramos de nuevo ante un perdedor, aunque diría más, ante un elenco de perdedores, de esos que tanto nos hacen disfrutar al engancharnos a la lectura para ver en qué puede acabar todo. Y si encima es Salem el cocinero de la historia y le pone humor, ironía, poesía e ingenio las tres estrellas Michelin están aseguradas.

«No es divertido ser un personaje mío.»

Me encanta como Carlos Salem utiliza la prosa-poética para construir historias que, aunque podrían parecer banales, no tiene nada de ello, pues son profundas reflexiones del autor sobre el mundo que ve.
Y es que si os digo que la cosa empieza anunciando que lo que vamos a leer es un Evangelio de cerveza-ficción, estoy convencido que si no viene de la mano de Salem ni comenzamos la lectura. O quizás sí, siempre existe un lector que arriesga su tiempo por saber que ha podido imaginar un loco escritor. ¿Qué sería de la literatura sin esos lectores?
Pero no tenéis que estar en ese último grupo de lectores. Tenéis que estar en el grupo de los que quieren disfrutar de una buena historia, de los que tienen ganas de reír o sonreír, de los que tienen ganas de apuntar en su libreta de lectura preciosas frases.

«Estoy harto de falso moralistas que nos juzgan pero no se pierden un programa.»

En el cielo no hay cerveza podría decirse que comienza siendo una novela complicada de clasificar y que a medida que va trascurriendo se va tornando más negra, más ácida, así, casi sin darnos cuenta. Las risas del inicio quedan apagadas por la resolución de la historia, una resolución que convence, como convence que toda la serie locuras creada por Carlos Salem se sostenga de principio a fin. No es fácil inventar una historia así, tan disparatada y que no encontremos ni un fleco por el que tirar. Estos son los retos literarios en los que los escritores demuestran de que pasta están hechos.

«Cuando vives de la mentira, toda verdad te sabe a farsa.»

La anterior frase evoca a los periodistas, por llamarles así, muchos no los son, de la cadena amiga que se inventan sus propias historias, sus propios trapicheos, para darle carnaza a un público embobado y del que Carlos Salem reniega aconsejando que los maten apagando el televisor como él ha hecho en la novela.

Y no tendremos que esperar mucho para leer lo nuevo de Salem. En febrero se publica en Navona una antología de relatos negros titulados Relatos negros, cerveza rubia. Está claro que la cerveza le gusta al autor. Yo ya me lo he pedido, pues me he quedado con ganas de seguir leyendo al argentino.



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