martes, 2 de febrero de 2016

#Reseña: Maldita verdad - Empar Fernández (Versátil)

SINOPSIS

Desde su divorcio, hace ya varios años, Olga Bernabé convive con su hijo Daniel, que se ha convertido en un desconocido de 17 años con el que apenas cruza alguna palabra. Una noche de finales de septiembre, Olga regresa a casa a medianoche, agotada tras una larguísima jornada en el hospital en el que trabaja y sintiéndose más sola que nunca. Comprueba que Daniel no ha cenado y que está acostado en su habitación con los auriculares puestos. Decide no despertarlo, pero lo que descubrirá al día siguiente la impulsará a conocer la auténtica vida de su hijo. De la mano de Raul Forcano, un investigador en ciernes, retrocederemos en la vida de los protagonistas, hasta llegar a un suceso que quizás sea mejor seguir ignorando. Conocer la verdad resultará para los implicados una verdadera maldición.


Maldita verdad es la nueva novela de Empar Fernández con la que cierra la trilogía de la culpa. Las anteriores publicaciones fueron La mujer que no bajó del avión y La última llamada y lo primero que se puede decir sin miedo a equivocarse es que si te gustaron las dos anteriores esta también te gustará.
Me resisto a decir que Maldita verdad sea la mejor de las tres por el grato recuerdo que guardo sobre todo de la primera de las novelas de la trilogía, aunque con el paso de los días voy pensando en lo leído y también tengo esas buenas sensaciones. Lo dejaría en empate técnico.

Tres novelas he leído de la autora barcelonesa y cada vez estoy más de acuerdo con un artículo que publicó a principios de enero en el que hablaba de una nueva etiqueta o forma de entender la novela negra que ella denominaba gris asfalto. El artículo es totalmente recomendable así como las replicas y la pequeña polémica que suscitó. Aquí lo podéis leer.
No entraré en debate, aunque ya he dicho que apoyo su terminología y entiendo lo que quiere decir, y más después de leerla, pero sí me gustaría apuntar que, ya está bien de tanto codazo, de tanto golpe por la espalda en el mundo literario. Se está convirtiendo aún más en un circo mediático en el que todos quieren conseguir tajada a costa de rajar a los demás. Nadie parece contento y todos dicen que lo suyo es lo mejor y auténtico. Dan ganas de dejar de reseñar, dan ganas de leer en la intimidad por no recibir uno también dichos palos por ponerse a un lado u otro. Yo soy un simple lector y os cuento lo que vivo cuando leo, lo que vivo yo. Entiendo mis reseñas como faros para los navegantes de Cruce de Caminos, para aquellos que me leen y saben lo que digo entre frases. No tengo la verdad absoluta ni deseo tenerla. Además, unas veces sientes de una forma y otras de otra con la misma lectura.

La verdad casi siempre duele.
Nos empecinamos en buscar la verdad, en saber lo que pasó de verdad; no podemos vivir si no conocemos la verdad, pero, ¿quiere la verdad ser conocida? ¿Debe ser la verdad siempre conocida? Esas son reflexiones que Empar nos pondrá sobre la mesa y decisiones que ella misma tuvo que tomar al escribir la novela. ¿Será realmente la verdad lo que buscamos? o quizás buscamos la redención de la culpa mediante la verdad. ¿Queremos ser culpables para fustigarnos más?

Hacía tiempo que no leía una novela que fuera hacia delante, sin salto, sin feedback, sin sueños, no sé si me explico, que todo vaya sucediendo como si estuviéramos grabando un mismo plano. He tenido esa sensación.
Y es así hasta que no le quedó otro remedio, hasta que se tiene que desvelar la verdad  casi al final y uno no tiene otra forma de cortar las cosas. Creo que lo raro es lo que hace Empar y quizás muchos más lo deberían hacer así por aquello que estar de moda: ser diferentes.
Y hablando de ese final: a mí me ha parecido que estaba en consonancia con la novela y que es creíble al cien por cien con lo que el conjunto gana enteros.

El sello de Empar Fernández es inconfundible al explicar las cosas de forma pausada, que no lenta; al mostrarnos los sentimientos de los personajes y sus reacciones; al llenar la atmósfera de un misterio, de un gancho que desvelar y que nada tiene que ver con un asesinato o la resolución de un caso, si no que tiene que ver de nuevo con los sentimientos, con ese gris asfalto que está abanderando. La autora escribe novelas que suceden todos los días, novelas que con toda probabilidad te tocarán la fibra, novelas que no nos son extrañas y de las que podemos ser partícipes.

Y un primer apunte final.
El título se ajusta como un guante al argumento de la novela, pero lo mejor es la portada, y es curioso, pues al inicio de la lectura cada vez que la miraba pensaba que se habían equivocado, que no contaba nada de la novela y que incluso lo contaba mal. Vas leyendo y te das cuenta del acierto.

Y un segundo: me ha gustado mucho su personaje principal Raúl Forcano y estaría muy bien que pudiera tener continuidad en otras novelas.

Gris asfalto, negro carbón, noir francés,...,qué más da. Lo importante es disfrutar leyendo y no tener la sensación de haber perdido el tiempo, ¿no?



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