martes, 26 de abril de 2016

#Reseña: El coche fúnebre a rayas - Ross Macdonald (Navona)


SINOPSIS
En El coche fúnebre a rayas, el detective Lew Archer recibe del coronel Mark Blackwell el encargo trivial de investigar los antecedentes y la personalidad de Burke Damis, un pintor pobre, rebelde y desconocido que amenaza convertirse en marido de su hija única, próxima a recibir un sustancioso legado. No obstante, la investigación rutinaria pronto se ve complicada por una desaparición y por un asesinato, relacionados con Damis, y se desencadena una trepidante sucesión de acontecimientos que descubre progresivamente el particular entramado de dolor, pasión y frustración que articula las acciones y omisiones de los personajes.






Tenía ganas de leer un clásico y he aprovechado que Navona ha reeditado, con nueva traducción, El coche fúnebre a rayas de Ross Macdonald, escrito en 1962.
No había leído nunca al autor y creo que lo voy a apuntar en la lista de escritores a seguir leyendo.

Para los que, como yo, no sabía mucho del autor os diré que realmente no se llamaba Ross Macdonald, era el pseudónimo de Kenneth Millar, y nació en un curioso pueblo llamado Los Gatos de California en 1915; murió en Santa Bárbara, en el misma California en 1983.
Dicen los entendidos que fue el primer heredero del legado literario de Dashiell Hammett y Raymond Chandler.
Su personaje más famoso es el detective Lew Archer con el que protagonizó dieciocho novelas, escritas entre los años 1949 y 1976. De nuevo apuntan los entendidos que sus novelas más famosas dentro de la saga fueron, La mirada del adiós (1969), El hombre enterrado (1971), La bella durmiente (1973) y El martillo azul (1976). Lo curioso del caso es que son las cuatro últimas de la serie y eso me hace pensar que debería buscar más fuentes. Pero de momento lo dejo como dato.
La suerte, si no lo he entendido mal, es que tendremos la oportunidad de saborearlas todas y así poder comparar, pues Navona tiene la firme intención de ir publicándolas todas en los próximos años, y como no, con traducción nueva.

No soy mucho de hablar de detalles técnicos, como sería la traducción, pero no sé si será por ella o por otra causa, la novela se lee de un tirón, sin encallarse, fluida, con rapidez. Otras veces había leído algún clásico y me costaba avanzar y por eso lo anoto como curiosidad.

El coche fúnebre a rayas que crea amor y odio a parte iguales entre sus lectores. Yo soy de los que lo considera genial. Creo que tiene fuerza, visualidad y que consigue dejar al lector pendiente de lo que se esconderá tras él y más cuando al inicio de la novela vemos pasar dicho coche para no volver a salir hasta bien avanzada la trama. Creo que Ross Macdonald genera un buen Macguffin para dejar al lector con la luz encendida y esa buena sensación de tener que esperar para saber más.
Y una buena idea, el coche lo utilizan un grupo de surferos para ir de un lado a otro con sus tablas a buscar las mejores olas. Indicar que estos surferos son de los primeros que salen en las novelas con notoriedad, pues se iniciaba la fiebre de las olas por aquella época.

Pero si una cosa me ha gustado de la lectura es que, sabiendo que estaba leyendo una novela de detectives de 1962, me podía imaginar las escenas en blanco y negro, con planos llenos del humo del tabaco y en el que casi nunca puede faltar un vaso bajo de whisky, pero por otro lado creo que pocas cosas se deberían cambiar para hacernos creer que es una novela actual. Se puede decir que El coche fúnebre a rayas ha sabido envejecer.

Quizás no haga falta añadir que los amantes de las novelas de detectives clásicas en la que una escena no lleva a otra y así hasta el final, se lo pasarán pipa con la novela.

Pero es que además Ross Macdonald os guarda no un golpe de efecto final, si no un triple salto mortal argumental que redondeará una buena novela de detectives.

Título: El coche fúnebre a rayas
Editorial: Navona
Páginas: 384
Traducción: Nazaret de Terán

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