martes, 23 de agosto de 2016

La dictadura de las estrellas (poner nota a un libro)


A principio de agosto, Raquel C. Pico publicó un interesante artículo en el portal Libropatas que llevaba por título: La difícil cuestión de poner nota a un libro en Goodreads (y otras redes similares) y me hizo pensar en mi proceso a la hora de decidir cuántas estrellas le doy a un libro.
Estoy con ella cuando dice que: «dar o no dar estrellas es más bien algo más complicado que simplemente sumar esos puntos.» y más en los tiempos que corren en que parece que todo se mide en estrellas y no sólo los libros, pues ahora se puede evaluar todo desde diferente aplicaciones, incluso una calle.

Como he dicho, el artículo me hizo reflexionar, pero también una escena que viví a principios de este verano.
Estábamos buscando un restaurante mejicano en una población y, cómo no, le preguntamos a Google. Nos ofreció una cuantas opciones y nos decidimos por uno por su puntuación en TripAdvisor. No nos paramos a leer lo que decían los comentarios, teníamos prisa.

Una vez dentro del restaurante, y no sé explicar aún porqué, me descargué la App de TripAdvisor, busqué el restaurante y mientras me traían los primeros me puse a leer los comentarios. Sí, las puntuaciones eran buenas, pero luego los comentarios no tenían desperdicio; daban ganas de salir corriendo. Todo un poco incoherente. ¿Por qué le daban un 5 y luego ponían a parir al cocinero?
Pero no acaba ahí la cosa. Dejé el móvil en la mesa y de vez en cuando me avisaba, diría más, me insistía para que hicieras fotografías de los platos, que las subieras y que los fueras puntuando uno a uno. Una locura. Antes de llegar el segundo plato borré la aplicación.

Supongo que la imagen os lleva a varias reflexiones, pero la más importante es el peso de las estrellas. Libros sobrevalorados, restaurantes sobrevalorados, hoteles sobrevalorados,..., es curioso, pero casi nunca pasa lo contrario.
¿Qué hacer? El consejo sería claro, fiarse de lectores (en caso de libros) afines a ti, pero entonces el círculo sería demasiado pequeño para lo grande que es el universo literario.
¿Y entonces? Empezar por uno mismo. Por la responsabilidad de poner esas estrellas y un comentario que complete la valoración acorde con ella. Dejad de lado los amiguismos no le hacen ningún bien ni al escritor, ni a vosotros como lectores ni a los que os siguen como lectores. Las palmadas en las espalda son lo peor que le puede suceder a nadie en cualquier cosa que haga. Por eso agradezco a los escritores que han recibido una mala reseña por mi parte cuando me envían un correo y me dan las gracias ella y añaden que lo tendrán en cuenta.
Si una novela creéis que se merece un 4, no le pongáis un 5 por ser conocido vuestro, a eso me refiero.

También me pasa una cosa extraña, no sé si a vosotros os pasa lo mismo. Cuando quiero contratar un hotel por internet, sí miro las estrellas, miro el precio y luego me voy de cabeza a los comentarios. ¿Y lo extraño? Lo extraño es que paso de los comentarios buenos y me voy directamente a los malos. Así elijo el hotel en función de los comentarios negativos y no de los positivos. ¿Lo hacéis? ¿Creéis que es un buen método?
Pero desde que lo hago con los hoteles también lo aplico con los libros. Miro las estrellas y me fijo sobre todo en las peores para ver qué me cuentan, para saber qué han encontrado tan negativo. A las de cinco estrellas casi no les doy importancia y más si el libro tiene tropecientas de 5 y ninguna de otro valor. Siempre pienso, ¿no hay nadie que encuentre el libro un poco peor y que le de un 4? ¿Será el síndrome de las ovejas?
Y a veces pico, compro el libro, lo leo y ¡zas! me llevo un palo.
¿Dónde radica el problema? Supongo que en tu bagaje como lector. Cuánto más lees, más tienes con qué comparar. Seguro que muchas de las novelas que leí hace cinco años tendrían hoy una puntuación diferente, pues puedo comparar con casi trescientas lecturas más.
Relativizar, creo que esa sería la palabra, relativizar.  

Por todo ello le tengo mucho respeto a poner estrellas a las novelas que leo. Incluso hubo una época en que dejé de hacerlo por la presión que yo mismo me ponía. Al final decidí que si tenía un blog en el que hacía reseñas y las compartía con mis lectores, el círculo se debería cerrar poniendo unas estrellas. Y estoy con Raquel, ¿por qué no se deja poner media estrella? ¿Por qué no poner un valor sobre 100? O mucho más fácil, una valor sobre 10. Creo que sería mucho mejor que evaluar sobre 5.


Y mientras seguiremos embarcados en la dictadura de las estrellas. 


Imagen: faithie
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