jueves, 8 de septiembre de 2016

#Reseña: La polilla en la casa del humo - Guillem López

SINOPSIS
Bienvenidos al pozo, una caverna insondable con mil galerías y túneles, fortalezas pétreas cerca de la superficie y barrios profundos de nichos cavados en la roca. Este es el escenario, brutal y despiadado, en el que habita Veintiuno, un joven que pasa las horas envuelto en una nube de bok en la casa del humo, desde donde interpreta sus posibles destinos: entregar su cuerpo al dios de la mecánica y ser útil en una excavación sin fin, convertirse en un paria o, finalmente, ascender a través de los bajos fondos, pero deberá pagar un alto precio por medrar.







Segundo novela que leo del castellonense Guillem López, segundo registro y creo que en la lectura que tengo pendiente Challenger, será un tercer registro y lo mejor: en todos lo hace de forma genial.
¿Escritor camaleónico?
Yo diría más bien escritor comprometido con los lectores para hacerlos saltar de sus sillones, para hacerles vibrar con sus historias, para hacerles imaginar.

Parece mentira que hayan tenido que pasar tantos años para que comience a llegarle el reconocimiento en forma de premio, que de crítica ya lo iba teniendo; ha sido el reciente ganador del Premio Kelvin 505 a la mejor novela nacional, que se otorga en el prestigioso festival Celsius 212, por Challenger.

«Nadie puede escapar a su destino y, en el pozo, nacemos marcados a fuego [...] Perdedores todos.»

Tan sólo hacen falta unas pocas páginas para darte cuenta que estás ante una de esas novelas que recordarás como geniales toda la vida. Guillem vuelve a sorprendernos con su creatividad al imaginar para nosotros un mundo subterráneo que sin muchas complicaciones atrapa al lector en sus oscuros recovecos, como podría ser La Casa del Humo, un picadero de drogadictos, pero a la vez un antro en el que desahogar las penas, que son muchas y más si tu vida está dedicaba exclusivamente a picar piedra un día tras otro.

Un mundo que se podría trasladar al Chicago de los años 30 y que funcionaría, con sus matones, sus gánsteres, sus peleas, trifulcas, robos, deudas, alcohol, drogas duras y sexo. Pero Guillem le ha dado una vuelta de tuerca más al concepto perdedor, al concepto esperanza negra, al concepto traición, para conseguir que estemos amorrados a las páginas de esta magnífica novela.

«Hubo un tiempo en que me esforzaba por morir lo más rápido posible.»

Absteneos los lectores que no gustan de las emociones fuertes, que no gustan de leer las cosas como suenan: polla, mierda, pedo,...,pero ojo, no penséis que Guillem banaliza con esas palabras, al contrario, las utiliza con maestría para pintarnos un retrato aún más oscuro de lo que podíamos pensar.

«Somos tan miserables que ni soñar sobrios nos está permitido.»

Guillem no nos hará dar mucho rodeos y tampoco os explicará el por qué de todo lo que sucede, sobre todo al inicio: sucede y punto. A partir de ese momento todo funciona. Es como el microsegundo antes del Big Bang, después de él todo tiene sentido. ¿Hace falta buscarle un sentido o es mejor dejarse llevar por la narración y disfrutarla? La respuesta es clara y más si viene de la pluma de Guillem.

Dicen los que saben un poco más que yo sobre temas literarios que estamos ante una de las mejores novelas que se han publicado este 2016. Yo como mínimo he recuperado la esperanza de volver a leer grandes novelas, pues llevaba un mes de agosto de bajón que no veas.
A vosotros os toca ahora comprobarlo.

Quiero acabar con una maravilloso párrafo que explica Veintiuno el personaje central de la novela para que os sigáis haciendo una idea de a lo que os enfrentáis:

«Cuando alcanzas la edad te convierten en algo útil. Hasta ese momento eres una idea, un proyecto. Sobrevives en las grutas, te defiendes de las violaciones y los abusos. Eso te curte, te hace duro por fuera. Pero hay un tiempo, una frontera difusa en la que ya no eres un crío, ni lo suficientemente adulto como para aguantar las amputaciones y los implantes del mecatacto. En ese lapso eres otra cosa: algo que no es carne ni hueso, a pesar de que sangra; que no tiene una verga ni un chocho, pero folla; que mata de una cuchillada en el cuello o muere si le aplastan la cabeza; alguien que no existe, aunque se arrastra oculto en la mugre.»


Título: La polilla en la casa del humo
Editorial: Aristas Martínez
Páginas: 176


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