miércoles, 21 de diciembre de 2016

#Reseña: Lo que nos queda de la muerte - Jordi Ledesma


 SINOPSIS
A principios de los noventa, la muerte de un joven altera la rutina y la convivencia entre los vecinos de una población de la costa mediterránea que ha vivido una enorme transformación urbanística y sobre todo demográfica en los últimos cuarenta años. Este inesperado suceso despierta unas sospechas que luego se convierten en conjeturas, pero las respuestas no siempre son sencillas, y menos en pueblos donde a fin de cuentas todo el mundo se conoce, por lo que el vértigo y la confusión convierte a sus protagonistas en extraños de sí mismos.

Jordi Ledesma, a través de un narrador en primera persona omnisciente, construye un texto de impacto y realista que recrea un período reciente de nuestra historia y nos relata magistralmente cómo el pueblo y sus habitantes se han transformado y esconden en muchas ocasiones un lado más oscuro. Con un estilo muy cuidado y un amplio abanico de personajes, el autor proyecta y reflexiona más allá de las conductas humanas para zambullirse en los sentimientos, el egoísmo y las discordias de una sociedad dividida donde no es lo mismo vivir en la primera línea de mar que en la segunda.

Casi no habría que decirlo, pero está más que contrastado el buen hacer literario de Jordi Ledesma desde su primera novela, Narcolepsia, finalista del Memorial Silverio Cañada o en El diablo en cada esquina, que reseñé hará algo más de un año y en el que dije de él que: «tenía voz propia, directa, brutal, visual, cinematográfica, un puñetazo en el pecho». Y después de leer Lo que nos queda de la muerte me reafirmo en lo que dije.

Una novela que toca la fibra de los que vivimos los años noventa en la costa con sus peculiaridades añadidas. No puedo decir que me he sentido identificado, pero sí que puedo decir que he vivido de alguna forma u otra muchos de los momentos que suceden en la novela.
Por poner un ejemplo de esa empatía con la novela. Cuando tenía ocho o nueve años todas las tardes iba al cuartel de la Guardia Civil de mi pueblo. Entraba como si fuera uno más de la caserna. Era el amigo del hijo del sargento López, el mando al cargo del cuartel. ¿Y qué iba a hacer? No os lo creeréis. Iba a jugar a baloncesto y no en una pista, no, en uno de los pisos de la caserna que estaba deshabitados. Allí, con el permiso del sargento, habíamos montado una pista para jugar de día y de noche, con sol o con lluvia.

Pero hay muchas más cosas con las que empatizar con la novela y lo que es mejor, si no has vividos esos momentos o no los has hecho de una forma parecida a los que se relatan, el autor consigue que te sean próximo. Te hace entrar en el juego sin darte cuenta, sin prisa, explicando poco a poco los sucesos, completando las vidas de unos ricos personajes. Y en este sentido se podría decir que podría considerarse una novela coral.

Jordi Ledesma despliega fuerza en cada frase, notándose el arduo trabajo de pulir y pulir. Muchos lectores pueden no estar acostumbrados a esa prosa que se mezcla con la poesía por su belleza. Creo que ahí radica la grandeza de la lectura.

Y el gran protagonista de la historia es el narrador que parece conocer toda la historia, que parece conocer bien a todos los personajes, incluso más que el propio autor y que en palabras de este, cree que ha sido él quien ha escrito la novela. Inquietante.

Solo queda decir que si queréis leer algo diferente y de calidad Lo que nos queda de la muerte puede ser vuestra novela.



Título: Lo que nos queda de la muerte
Editorial: Alrevés
Páginas: 190


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