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lunes, 29 de enero de 2018

ESCRITOR Y PERSONAJE: Hanne Wilhelmsen y Anne Holt, ¿pelea de gatas?


por Noelia Santarén

Me atrae mucho el personaje de la inspectora Hanne. Debo decir que, si algunas de las novelas que protagoniza las he dejado a medias por el insoportable tedio de leer a su autora, Anne Holt, cuyo estilo tiene los mismos efluvios que un Diazepan tomado durante una tarde de domingo, mientras más obras he abandonado, más me ha intrigado este personaje. Y es que Hanne es mucha Hanne, a pesar de su autora. Y, precisamente a pesar de ella, Hanne ha ido creciendo y evolucionando. Evolucionando entre casos perfectamente pensados, pero escritos de forma que, si me permitís usar una comparación, leer a Holt es como escuchar una conferencia en la que no hay ni ritmo ni modulación de la voz ni alteración del tono. Pero, incluso así, no puedes dejar de escucharla porque, odiosamente, te atrae esa voz. Y esa voz es Hanne.

Volviendo a Hanne y a su autora, si la primera me enamoró, la segunda todo lo contrario. Creo que la odié…, así, sin conocerla. Y el motivo fue -y es- cómo trata a Hanne. Sí, me sale la versión más macarra de mí misma, aquella de ‘si te metes con ella te metes conmigo’. Y es que, si Hanne empieza su saga siendo una policía de Oslo prometedora, simpática, bien vestida y guapísima, a mitad de la misma suceden una serie de acontecimientos -muy duros- que Holt se empeña en describir mediante situaciones y descripciones poco acertadas. Es posible que Hanne esté en un pozo, que camine por los límites de su existencia, pero no hace falta remarcar tan intensamente su falta de higiene, su cada vez más acusado sobrepeso, su dejadez ante el flequillo que le crece hasta cubrirle media cara, su ropa sudada que usa de un día para otro, etc., hasta aquella escena de no recuerdo qué título en la que su amigo Billy T se despide de ella espetándole un “y dúchate, Hanne, por el amor de dios, ¡apestas!” o algo parecido.
Como buena fan que soy de esta inspectora, me ofendí y Holt me cayó aún más mal, si cabe. Todos olemos mal si no nos duchamos, es obvio, pero me refiero a algo más; es como si, a lo largo de varias novelas, la autora hubiera tenido una confrontación con su personaje y esa batalla quedara plasmada en la humillación de Hanne. ¿Sabéis qué? Creo que Holt odia a su protagonista y, si no es tal caso, lo disimula francamente bien. Sin hacer spoiler, voy a tratar de analizar la causa de esa impresión. Hanne es inteligentísima, audaz y suspicaz. Las relaciones sociales no son lo suyo, pero tiene pareja y amigos. Es respetada y admirada dentro de la comisaría de Oslo y, típico en este estilo de personajes, tiende a saltarse las reglas y a moverse por corazonadas. O, mejor dicho, por instinto policial. En su vida privada es mujer de pocas palabras, reservada y bastante fría. No obstante, ama y siente como la que más, sólo que está dotada de una “ausencia emocional” que le acarreará más de un problema. ¿Es tal vez ese perenne hermetismo el causante de que yo sienta que su autora la trata mal o son imaginaciones mías?

Creo que Hanne tiene una personalidad tan compleja que Holt decidió hacerla pasar por una serie de acontecimientos físicos en detrimento de los psicológicos. Hay un enorme filón por explotar, el aspecto psicológico-emocional de Hanne, que es mucho más rico y denso que la mayoría de los casos que resuelve. ¡Estoy convencida de que, si lo hiciera, sus obras ganarían en color y en matices! (La introducción del personaje de Nefis es de lo mejor que le ha ocurrido a la saga, no por ella en sí misma, sino por cómo su presencia altera la de Hanne. También mucho ojo al personaje secundario de Marry, que no tiene desperdicio y que nos brindará varios momentos de humor que sacarán a relucir el aspecto más cotidiano de la inspectora).

Los que hayáis leído hasta el final de su colección comprenderéis el porqué de mis palabras. A partir de La Broma los acontecimientos se precipitan, es el punto de inflexión de la saga. Los títulos que le siguen, Sin Eco y Más allá de la verdad, son, para mí, los mejores. A continuación, viene 1222, que desentona totalmente en la línea conseguida. Prefiero ver 1222 como una obra independiente, pese a que no lo es, un divertimento en el que la autora ha querido darle un guiño a los Diez negritos de Agatha Christie, pero con nieve y una ventisca de las que hacen historia.
Entre Más allá de la verdad y 1222 asisto, atónita, a unos cambios de humor de la inspectora de los que puedo imaginarme la causa, pero sería muchísimo más enriquecedor si la autora trabajara ese aspecto en vez de dejarlo en el aire. Sí, ya he dicho que Hanne es hermética, pero siento que su evolución se ha quedado estancada.

Voy a leer el último título de la saga, Offline, a ver si encuentro algo de todo esto y me llevo una alegría viendo la reconciliación entre Holt y Hanne. Si no, por lo menos dormiré como un tronco…

Por cierto, si no queréis llevaros más de un spoiler de los que te chafan la novela entera, olvidaros de leer las sinopsis de los títulos La broma, Sin Eco, Más allá de la verdad y los posteriores. En serio, un bravo para quien tuvo la brillante idea de mutilar la trama de esa forma.


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