martes, 16 de enero de 2018

#Reseña: La sonrisa de Darwin - Anna Maria Villalonga

 Traducción de la reseña de la versión catalana, El somriure de Darwin (Llibres del Delicte, 2017) publicada en Cruce de Caminos el 20 enero de 2017.


Segunda novela de Anna Maria Villalonga y segunda vez que me gana como lector.
Estoy convencido de que muchos de los que hemos leído La mujer de gris (Navona, 2015) y ahora La sonrisa de Darwin nos preguntamos: ¿dónde estaba esta escritora con mayúsculas hasta ahora? ¿Cómo es que hasta hace pocos años no empieza a publicar relatos y después novelas?
Esto sólo lo puede saber la misma escritora y espero que alguien le pregunte en alguna entrevista, creo que es interesante conocer la respuesta. La suerte es que la podemos leer y desde ya, esperando la próxima novela.

Para los que os lo perdisteis, La mujer de gris fue una historia que me fascinó, uno de esos libros que puedes recomendar toda la vida sin miedo a equivocarte.
El listón estaba muy alto, las expectativas eran muy altas y felicito a Anna Maria por conseguir superar la conocida presión de la segunda novela y más con los antecedentes que os estoy contando. De nuevo ha dado en el clavo, de nuevo construye una novela diferente con una historia atrayente y unos personajes bien construidos, incluso el más extremo que hace tanta rabia ...

«Hay gente con la que te encuentras cada día y de quien no sabes nada. Ni la historia, ni el nombre».

Una novela coral, ya que a partir de las vivencias entrelazadas de los personajes se va creando la historia y además, en algunos momentos, vista desde puntos de vista diferentes. Y esto último es una de las virtudes de la narración, el cómo explica la autora la acción, que no siempre coincide con cómo ha pasado, podríamos decir que la deconstruye con mucha habilidad para ir dado al lector datos poco a poco que debe saber para continuar enganchado a la historia.

Abrid la ventana de un piso cualquiera de una ciudad cualquiera y desgraciadamente puedes encontrarse con parte de la trama de La sonrisa de Darwin. La novela es el grito de Anna Maria Villalonga contra las injusticias que le rodean, su particular visión de este mundo que ve desde su ventana o lo que ve cuando sale a la calle para dirigirse a la Universidad. Está claro que esto hace el texto muy cercano y a ratos perturbador.

¿Podemos hacer más? ¿Existen los buenos samaritanos? ¿Es lícito girar la cara para no sentirse implicado y decir esto no va conmigo? Creo que estas preguntas van saliendo durante la lectura y seguro que son parte de la motivación que llevó a Anna Maria a escribir la novela.
Pero hay otros mucho más grandes, más pasionales y de las que poco puedo decir para no rasgar alguna pequeña sorpresa. Sólo una pista metaliteraria: la novela Ánima de Wajdi Mouawad, un recurso que me ha parecido muy bien ligado al contexto de la novela como contenido transversal.

La carga del pasado pesa y se hace una clara referencia a hechos históricos y una pregunta muy interesante: ¿cómo convivir y qué cara poner cuando este pasado que pesa no es culpa tuya, pero te afecta de lleno? ¿Puedes sentirte culpable por ello?


Como podéis comprobar una novela escrita con el corazón, que entretiene, hace reflexionar, pero sobre todo nos hace sentir.


Título: La sonrisa de Darwin
Editorial: Navona
Páginas: 192




 SINOPSIS
Max es un vagabundo que vive en la calle con su perro y duerme en un cajero automático frente al balcón de Noemí, una mujer callada y solitaria que arrastra un terrible fantasma del pasado. Noemí tiene un vecino al que prácticamente desconoce, Iván, un joven huraño que le transmite deconfianza. Cuando otro sintecho es asesinado dentro del cajero, Max se convierte en el principal sospechoso. Pero Noemí se resiste a aceptarlo y decide actuar, mientras las vidas de los tres personajes se entrecruzan de forma insospechada. La sonrisa de Darwin es una novela de personajes, un retrato realista y crítico de la sociedad de hoy, una reflexión sobre el azar, la incidencia del pasado en el presente y la capacidad de odiar y de amar. Tres personajes, tres realidades diferentes. O quizás no. Tal vez, en el fondo, los tres sufran la misma soledad, la misma insatisfacción vital. 
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