cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: #Reseña: Piercing - Ryu Murakami

lunes, 22 de enero de 2018

#Reseña: Piercing - Ryu Murakami

Por Noelia Santarén

¿Qué es la peor cosa que has hecho?, le preguntará Chiaki a Kawashima nada más conocerlo. Por cierto, la primera es nombre de mujer y el segundo de hombre.
No me considero una persona mala en el sentido de maldad, pero, cuando iba a la guardería, recuerdo que en la hora del recreo había un niño más pequeño que yo. Casi bebé. Tenía un cuerpo blandito y regordete y unos mofletes rosados. Recuerdo, con horror, el deseo irrefrenable que tenía de acercarme a él y clavarle en la cabeza el clip que yo guardaba en el bolsillo y que vete tú a saber de dónde lo había sacado, pues, de pequeña, nunca me recogí el pelo. La batalla interna que libraba cada día a la misma hora era esta; mis ansias de clavarle el clip al niño y mi temor a hacerle daño.
Bien, esta anécdota -espeluznante, lo reconozco- me lanza de pleno al título que hoy voy a reseñar: Piercing, de Ryu Murakami (no confundir con el otro Murakami al que los comercios nos tienen acostumbrados, el de Kafka en la orilla, Tokio Blues o 1Q84). Y es que nuestro protagonista, Kawashima, hombre felizmente casado y con una hija recién nacida, tiene que luchar cada noche contra unas ganas irrefrenables de clavarle un punzón a su bebé. Después de analizar fríamente esa pulsión, la conclusión racional a la que llega Kawashima es que no va a desparecer, por mucho que luche contra ella. De modo que, mejor infligir dolor a un desconocido que a su propia hija. Esta es la premisa que encontraréis en cualquier reseña o sinopsis del título indicado, pero yo voy a ir más allá para hacerla diferente al resto, que si no es muy aburrido.
Veamos la sinopsis desde el punto de vista de la fémina, porque hay una fémina y es la que da título a la novela. Bueno, una parte de ella. Sin hacer spoilers, voy a hablar un poco más del contenido de la obra. Si no quieres saber más información, detén tu lectura aquí.
Chiaki es una joven -atormentada, claro, de lo contrario no tiene gracia la cosa- que trabaja para una empresa de prostitución especializada en BDSM. Recibe la llamada de un encargo (¿os podéis imaginar quién será el cliente?). Chiaki tiene su propio infierno y es que ha perdido la lívido. Perder el deseo sexual es y no es preocupante, pero en el caso de la protagonista, lo es ya que su impulso sexual la mantiene en equilibrio vital y la aleja de algo que ella denomina la Pesadilla.
Resumiendo, Kawashima quiere quedar con ella para liberar esa fuerza que hace peligrar la vida de su hija. También para comprobar el sonido de algo que le inquieta. Chiaki anhela recuperar su impulso sexual a través de esa cita con un cliente desconocido. Y entre todo esto, dos objetos; uno masculino y otro femenino. Un punzón afilado y un piercing en forma de aureola en el pezón de Chiaki.
Chicos, ahí lo dejo.

No os voy a engañar, leer Piercing no es leer Bridget Jones. Hay imágenes duras, pero más de pensamiento que de hechos. Es decir, no me ha resultado duro leer Piercing en el sentido en el que algunos libros de la forense Kay Scarpetta sí me lo parecieron, por poner un ejemplo. Si con Patricia Cornwell asistí con el estómago encogido a numerosas descripciones de carne por carne, en Piercing no ha sido así; he accedido a todas esas imágenes a través de un cristal. Y ese cristal viene dado por el peso psicológico de la novela -o por la separación cultural que existe entre oriente y occidente. Para mí, Piercing es una obra breve (apenas cien páginas), intensa, directa y, por encima de todo lo demás, psicológica.

Leer a Ryu Murakami siempre supone un descenso al infierno que todos tenemos en nuestro interior. Tal vez yo, por la anécdota que he explicado al principio del artículo, tenga un infierno muy grande y Piercing no me ha parecido tan dura como se dice por ahí, sino triste, atrevida, desoladora. Quién sabe, puede que tú, lector, no tuvieras nunca unas ansias irrefrenables de clavarle un clip a un compañero de guardería, pero no estás a salvo de tu propio infierno interior.
Por cierto, que no le hice nada al niño, ¿eh?


Los peores infiernos no son físicos, sino psicológicos. Y Ryu Murakami lo sabe muy bien.






 SINOPSIS
Kawashima Masayuki está casado con Yoko. Están enamorados, tienen una hija de cuatro meses, trabajos estables, pan cocinado en casa: felices. Pero éste es un libro de Ryu Murakami, escritor experto en exponer las inmundicias del considerado el mejor de los mundos posibles. Kawashima contempla dormir a su bebé todas las noches. Y todas las noches se convence de que no la apuñalará. No a su hija. Tras las pulsiones asesinas, tras los desdoblamientos de personalidad, la sed de inflingir(se) dolor, existe una carencia, un daño infantil, la huella marcada a fuego de la alienación. Murakami, elegante y sinuoso, traslada al lector al otro lado del paraíso, al que denuncia sin estridencias y sin piedad.






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