cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: Murder Parties, detectives por una noche...o asesinos

martes, 20 de febrero de 2018

Murder Parties, detectives por una noche...o asesinos


por Noelia Santarén

Hay un asesino rondando por casa y tengo que dejarlo corretear a sus anchas porque hoy no es mi casa, sino una mansión de estilo victoriano del siglo XIX. Y se va a cometer un asesinato… pero ¡os dejo que soy la anfitriona y tengo que preparar cena para ocho!
Sí amigos, ¡¡hoy hablamos de las murder parties!! O lo que es lo mismo, reunirse con los compis para que se cometa un asesinato y sea resuelto por vosotros mismos a lo largo de la velada.

Sucedió la navidad pasada. La noche estaba cerrada, el aroma de la cena danzaba por la casa mezclándose con el efluvio de una tormenta en ciernes. A las nueve llegarían los invitados, cada uno de una parte del continente. Cada uno disfrazado del personaje que asumiría durante unas horas. Las invitaciones habían sido enviadas y todos conocíamos nuestra identidad.

Pero no la trama de la historia.

Sentados alrededor de la mesa, el mantel rojo y blanco con motivos navideños, las luces del árbol en slowglo y un cuadro cutre que tengo que me enamora, de velas nevadas con iluminación incorporada. Todo era empalagosamente navideño hasta que… ¡un muerto!

¿Por qué a la mente le da tanto miedo la muerte y a la imaginación le pirran los asesinatos? Todos estábamos encantados de ser Sherlock Holmes o la señorita Marple por una noche. Serví el vino y pusimos el audio que nos introduciría de lleno en la trama. A continuación, nos presentamos y no hizo falta nada más; dejé de ser Noelia para convertirme en el personaje de turno -bueno, en mis múltiples periplos a la cocina tuve que regresar a mi humilde identidad ya que mi personaje -una pijales - no tenía pinta de saber cocinar.

En la mayoría de murder parties cada personaje tiene un guión que se va desvelando a medida que avanzan los actos. Algunos de mis invitados, listos, tomaron apuntes, aunque yo, entre cucharón y espumadera apenas pude coger el bolígrafo. Como es importantísimo no confundir la identidad de los personajes, optamos por hacer tarjetas con los nombres. Algunos añadieron algún que otro gorro, boa o pipa a su atuendo. A mí me daba vergüenza, pero descubrí que no se trata de disfrazarse sin más, sino de facilitar la identidad a los compañeros. Además, nuestros nombres distaban mucho de parecerse al de Pepe, Manuel, Ana o Isabel, con lo que una boa o un sombrerito facilitaba bastante la puesta en escena.

Pensé que podría con los aperitivos, entrantes, plato principal y postre para ocho -ojo que una cena de navidad no es la de un viernes cualquiera- y, además, resolver el asesinato. Ay, inocente de mí, o soy más chula que un ocho o ignorante perdida. Nuestra murder party fue compleja, más de lo que me había imaginado. Vamos, que entre gamba y gamba no me enteré de nada. Pero le puse empeño. La tontería duró casi tres horas y todavía no me explico cómo pudimos hablar tanto sin tocar ningún otro tema que no fuera el de la trama y su resolución.
Y digo yo, ¿por qué gustan tanto los juegos de deducción?

No me negareis que hacer una murder party es original y divertido. Eso sí, todos los participantes deben implicarse, no vale hacerlo poniendo media neurona porque el juego no sale y entorpece la dinámica. En nuestro caso, creo que casi todos éramos vírgenes al respecto, con la ilusión y las expectativas que la virginidad conlleva. Los ocho teníamos muchas ganas de que llegara el día; primero por la cena anual y segundo, por el agregado de la murder party. Fue un éxito, nos encantó. Incluso una que odia todo lo relacionado con lo negrocriminal se lo pasó teta y se implicó como la que más.

Quién lo hizo, por qué, cuándo, dónde… añade estas preguntas a cualquier cena y el entretenimiento está asegurado. No soy experta en el tema, como veis, pero creo que, si la dificultad es baja, se pierde el interés. En mi caso, la resolución me dejó perpleja. Creo que sólo uno de nosotros adivinó quién lo había hecho y por qué. Ya se sabe, si todos tuviéramos madera de Sherlock Holmes, Conan Doyle se habría quedado con un palmo de narices.

Chicos, un consejo, si tenéis en mente realizar una murder party en casa, escuchad a esta pringada: dejaros de marujear en la cocina, pedid una pizza y disfrazaros…, la trama os lo agradecerá.



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