cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: #Reseña: Justo - Carlos Bassas del Rey

martes, 27 de marzo de 2018

#Reseña: Justo - Carlos Bassas del Rey

La vida de un lector es tener lecturas pendientes, autores pendientes durante toda tu vida. Y lo peor, es que por muy larga que sea tu vida no podrás leer todo aquello que hubieras querido leer. A veces se dice que se necesitarían cuatro vidas para poder hacerlo; digo yo que cuatro nosotros, mientras que los otros solo vivieran una, sino estaríamos en las mismas.

Reconozco que hace años que sé que tengo una cuenta pendiente con Carlos Bassas del Rey. Dejé pasar Siempre pagan los mismos y dejé pasar Un mal trago, pero no he querido dejar pasar a Justo. Qué gran acierto.

«Nada prevalece, ni lo físico ni la memoria de las piedras, mucho menos la de la carne».

Hace pocas semanas veíamos como los pensionistas ocupaban las calles de las principales ciudades de España reclamando unas pensiones dignas. Está claro que los jubilados del 2018 no son los jubilados del 1980, pues la calidad de vida ha mejorado mucho y eso hace, por fortuna, que estén mucho más fuertes, más ágiles, con más ganas de vivir y, a ser posible, de la mejor forma posible.
Por todo ello, no es de extrañar que últimamente se publiquen más novelas negrocriminales en las que el protagonista es un jubilado con ganas de revancha. Justo sería un ejemplo de ese movimiento social que estamos viviendo, está claro que llevado al extremo.
Otro ejemplo que está en boca de todos, que está en todas las quinielas de mejor novela negrocriminal del 2017 sería Ya no quedan junglas adonde regresar de Carlos Augusto Casas, novela que está triunfando y creo que aún triunfará mucho más.
Tanto Justo, como la novela de Carlos Augusto Casas beben de una misma fuente, aunque después cada autor la lleva al camino emocional que más le interesa.

«La conciencia es un tumor que no se puede extirpar, o naces sin ella hola cargas toda la vida. De nada me sirve la certeza de que cada una de las almas que he enviado el infierno había hecho sus méritos».

Y hablando de emociones. Carlos Bassas del Rey hace un viaje emocional por las calles y las plazas de Barcelona que en su día el tránsito y lo hace de la mano de Justo, pero más importante aún, con los ojos de Justo, el protagonista jubilado de esta novela.
Una Barcelona en continuo cambio donde los barrios ya no son lo que eran y eso crea un sentimiento de pérdida, de desapego. Quizás también ello provoque que el protagonista sienta que no tiene nada que perder e inicie la escalada vengativa aún si cabe con menos remordimientos.
Todo esa mirada crítica a Barcelona también le lleva a hablar de la gestión del turismo y de cómo la ciudad se está vendiendo, rindiendo a los cantos de sirena del dinero proveniente de ese turismo totalmente descontrolado.

«Para hacer justicia es necesario ser implacable, y los buenos son débiles, pusilánimes incapaces de hacer lo que hay que hacer».

Os decía al principio de esta reseña que tenía una cuenta pendiente con Carlos Bassas del Rey. Creo que, en cierta manera, ya estamos en paz, pues la lectura de Justo ha sido uno de esos momentos lectores que recordaré durante años y una novela que recomendaré a aquellos que quieran leer una buena novela negra.
Y a poco que pueda, intentaré leer lo que tengo pendiente, aunque reconozco que el día a día me puede al intentar seguir un poco el ritmo de esta vorágine publicadora.

«Apunto cada muerte, cada pieza cobrada, en una libreta. Nombre, apellidos, fecha, pecado. Sé que dio lleva su cuenta».


No me extrañaría que Justo el año que viene estuviera seleccionada para ganar alguna de las importantes semanas negras que se celebran en España, pues tiene lo que hay que tener para ser lo que es: una novela negra con mayúsculas. El Premio Hammett 2019 ya tiene un firme candidato a mi entender.

Editorial: Alrevés
Páginas: 192





 SINOPSIS
La verdadera justicia debe ser fría, implacable, desapasionada. Y para aplicarla, Dios decidió que cada generación contara con treinta y seis Justos, los tzadik, hombres anónimos que mantienen el equilibrio entre el Bien y el Mal sobre la faz de la Tierra. Justo Ledesma es uno de ellos. Un viejo irascible que discurre por las calles de un barrio, el de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, que ya no es el suyo; de una ciudad, Barcelona, que dejó de serlo hace tiempo. Un hombre cansado que, consciente de que su fin está cerca, decide saldar cuentas con su pasado; con un pasado que regresa de forma inesperada cincuenta años después. Escrito en una primera persona de estilo directo y peculiar, Justo esconde un triple relato: el de una vida dedicada a una misión sagrada, el de una venganza y el de la nostalgia por un tiempo cada vez más lejano, por unas calles cada vez más ajenas, por una ciudad moribunda que se desangra víctima de sus propios anhelos, de sus propios errores.







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