cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: Soy una depravada...¿Lo soy?

martes, 6 de marzo de 2018

Soy una depravada...¿Lo soy?



por Noelia Santarén

Eres una depravada, me dice siempre una amiga cuando le explico la trama de alguna serie o novela de matiz negrocriminal que me atrae. Y yo busco el significado de depravada en el diccionario y veo de que tiene connotaciones sexuales dignas de mención. Reflexiono sobre mí misma a ver si mi comportamiento sexual tiene algo de raro. Mmmm, al igual mi vida sexual es rutinaria y mi mente necesita volverse depravada. A mucha gente le gusta el noir, ergo ¿todos somos unos depravados con vidas sexuales rutinarias?

Falacias fuera, son muchos los que no entienden que a alguien le pueda gustar leer o ver algo relacionado con asesinatos, con homicidios, con una investigación criminal, violencia y todo eso. Es respetable. Si quieres matarme, átame frente al televisor y ponme Bridget Jones en modo repetición. Te aseguro que antes de llegar al segundo pase yo misma me habré hecho el harakiri con un palillo de los dientes. No puedo entender, sin faltar al respeto, la fama de esa película y de las miles de comedias románticas que abundan en el mercado.  Además, ¿por qué se asocia la comedia romántica con lo femenino? ¿Acaso nací en un cuerpo equivocado? ¿Por qué a todas -casi- les gusta Pretty woman aunque la hayan visto 89 veces? Por favor, no me digáis que es porque hay un príncipe que salva a la princesa… porqué mi peli preferida de Disney es Mulan. Sí, ¡esa que se disfraza de hombre para ir a la guerra! Vale, también hay príncipe, pero es un efecto colateral.

Hace unos años un amigo me propuso ir al cine. Nos conocíamos del trabajo. Acepté y él empezó a enumerarme todas las comedias romanticonas de la cartelera. Lo corté en el punto exacto en que abría la boca en forma de ‘o’ para pronunciar el título de la tercera -pues todas empezaban por ‘boda’- y le pregunté: ¿qué pasa, que en el cine de tu pueblo no echan ni de miedo ni de acción ni de ciencia-ficción? Entonces él, con los ojos como platos, me miró como si yo fuera un bicho raro, aleteó sus pestañas al aire y confesó que sólo le gustaban las románticas. Aah, amigo, qué daño ha hecho aquello de “azul si es niño, rosa si es niña”.

Unos años aún más atrás tuve un novio que me acompañaba al cine a ver todas las películas de miedo -a la sesión golfa que da más yuyu. Una noche se me abrazó con más fuerza de lo normal y vi que realmente el pobre pasaba miedo. Le pregunté que por qué no me lo había dicho antes. Porque a ti te gustan, respondió. Señores, si eso no es amor nada lo es. Aunque hay que ser borrico…

Me he dado cuenta de que mi valeriana es la adrenalina. No hay más, soy así. No es que no me gusten las películas románticas, es que me ponen muy nerviosa y luego no hay quien me aguante en casa. No me gusta el gore ni el sadismo, pero el noir me encanta, porque me encantan los misterios sin resolver. Entiendo que en Bridget Jones está el misterio de con cuál de los dos se queda al final, pero, como me pone tan nerviosa, nunca he llegado hasta ahí para descubrirlo. De modo que, por mi propia salud emocional, larga vida al noir.

Puede que sí sea una depravada. Reflexiono de nuevo y pienso que mi amiga, esa que me lo dice siempre, sufre cuando el padre de Nemo, el pececito, empieza a gritar su nombre por todo el océano. La última vez que la vio me pidió, angustiada y con la mano en el pecho, que apagara la tele, que Buscando a Nemo daba mucha ansiedad.
De modo que…, no sé yo, ¿eh?




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