cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: #Reseña: Las lágrimas de Claire Jones - Berna González Harbour

miércoles, 2 de mayo de 2018

#Reseña: Las lágrimas de Claire Jones - Berna González Harbour

por Noelia Santarén

Hoy nos adentramos en el universo de la comisaria María Ruiz, personaje creado por Berna González Harbour. El título que abre nuestra aproximación a esta saga es el tercero, Las lágrimas de Claire Jones. El primero es Verano en rojo, al que le sigue Margen de error.

Las lágrimas de Claire Jones presenta una estructura narrativa inversa, es decir, se da a conocer el final desde el principio, cosa que llamó mi atención y fue un aliciente para leerla. Este tipo de estructura no suele ser muy común y tiene un punto de originalidad.
Chica asesinada encontrada en el maletero de un coche abandonado. Sabemos que se trata de Claire desde el principio y la trama secundaria toma peso precisamente al narrarnos la vida de Claire, mientras que la principal se centra en la investigación de la comisaria Ruiz y de su equipo. Ambas tramas se entrelazan, pese a que no comparten una misma línea temporal. La trama es bastante obvia, sin apenas sorpresas o giros, pero agradable. Los malos son muy malos y los buenos muy buenos, de modo que el ‘quién lo hizo’ no es ninguna sorpresa, porque prácticamente se sabe desde el principio.
El estilo es ágil y el vocabulario, sencillo, con el equilibrio justo entre diálogos, acotaciones y narración. Ya sé que en novela negra abundan los diálogos, pero toooda una novela escrita a base de diálogos se hace insufrible -los últimos de Scarpetta son así. Berna domina bien este equilibrio y los diálogos, además, son creíbles.

Las lágrimas de Claire Jones ha resultado una novela simpática. No podría decir que estuviera deseando llegar a casa para cogerla -la saga de María Ruiz no suele entrar en este patrón-, pero cuando cogía el libro, me apetecía seguir leyendo.
No obstante, hay un ‘pero’ y un ‘PERO’. Hubiera agradecido un poco más de ambientación, de contexto, el clima, el paisaje, descripciones no tan físicas, sino emocionales. Y esto me lleva a hablar del primer ‘pero’;no logro tener conexión con la comisaria, por mucho que lo he intentado y por mucho que me caiga simpática. Con decir conexión me refiero a un mísero acercamiento. Hay algo que impide que se establezca esa conexión. He leído opiniones de lectores a quienes les ocurre lo mismo, es decir, no que no les caiga bien la comisaria, sino que no logran empatizar con ella.He releído con mucha atención los fragmentos en los que se narra algún aspecto interior, emocional, de María Ruiz y no consigo creerme lo que se explica. Tal vez sea porque no lo veo, con lo que mi mente lectora no se lo cree. Hay un muro que impide que el lector establezca conexión con María. Solo con ella, porque con los personajes de Martín y de Luna no sucede, por mucho que este último caiga mal -a mí no.
Personalmente confundo a la comisaria Ruiz con la comisaria Cornelia Weber-Tejedor (de Rosa Ribas) y no por el estilo narrativo de las autoras. De modo que ahora voy a leer otro título de la segunda para tratar de desentrañar si la confusión está en mi mente o en el papel.

El segundo ‘PERO’ es más delicado y lleva una queja implícita, no podía hacer una reseña y dejarlo pasar:
La escritura -por no decir el estilo- está muy poco cuidada, con repeticiones, redundancias, cacofonías y muchísima ambigüedad sintáctica y semántica. Lo malo es que esta clase de resbalones no son puntuales, sino que se suceden a lo largo de toda la novela, con la consecuente desilusión y fastidio a medida que una la lee.
Y como no quiero a hablar sin argumentos, dejo unos ejemplos y que cada uno saque sus conclusiones:
-Pasó una pierna y luego la otra mientras la tensaba con las manos(¿qué tensaba?), y en segundos estaba dentro(dentro de dónde). El camino estaba embarrado y bordeaba una línea de coches desvencijados. Algunos estaban amontonados encima de otros(redundancia), aplastando a los de abajo hasta achatarlos. La lluvia sonaba fuertemente(la lluvia repiquetea) sobre las chapas como si en algún lugar se escondiera un amplificador(un amplificador no puede esconderse a sí mismo).
-María observó el interior sin quitar la antena al hombre, que seguía de pie sin saber dónde situarse. (¿De qué antena habla, de una tele o de perder el interés?).
-El hombre arrugó el rictus, el cuerpo entero pareció encogerse y se sentó. (No se puede arrugar un rictus ya que es la consecuencia de la arruga y, en esta oración, el que se sienta es el cuerpo, no el hombre).
-Detectaba una especie de magma ardiente en el ambiente que hervía, crecía, y que también los contagiaba a ellos. (Qué hervía y crecía, ¿el magma o el ambiente?).

En resumidas cuentas, una novela para coger sin pretensiones y pasar un rato entretenido. Me ha gustado leerla, más que la anterior de la comisaria Ruiz, Margen de error. Tal vez porque el tema me ha atrapado un poquito más. Puede que lea la que me falta, Verano en rojo, precisamente la primera, para descubrir por qué no logro establecer una conexión con la protagonista. Me tiene intrigada.

Editorial: Destino
Páginas: 352





 SINOPSIS
La comisaria María Ruiz se encuentra desterrada en una de las provincias españolas más tristes para una investigadora criminal. En Soria el último suceso irresuelto del que se tiene noticia ocurrió en 1954, cuando una mujer que presuntamente asesinó a su marido con matarratas desapareció para siempre. De estar viva, tendría 101 años. Desde que la destinaron a Soria, sacándola de la fiebre de Madrid, la comisaria Ruiz viaja todos los fines de semana a Ávila, donde acompaña en su trance entre la vida y la muerte a su compañero Tomás, que está en coma. Su viejo amigo, el comisario Carlos, finalmente ha conseguido convencerla para que un fin de semana se airee y vaya a visitarlo a Santander. Pero lo que tenían que ser un par de días de tranquilidad se convierte en el mejor incentivo para la comisaria Ruiz. El nuevo caso que Carlos tiene entre manos arranca con un coche abandonado en la zona del puerto. En el maletero, una chica muerta, y en el asiento del copiloto, un ejemplar del periódico The Times con fecha del 15 de octubre de 1998 y una noticia recortada. A estas pistas tendrá que enfrentarse una comisaria a quien el caso no le pertenece, pero que ella sí que necesita para no perder la cabeza y volver a sentirse realmente en activo y cercana a la realidad que mejor la define.





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