cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: Tres razones básicas por las que la Alemania de Hitler no ganó la Guerra en el mar

miércoles, 12 de junio de 2019

Tres razones básicas por las que la Alemania de Hitler no ganó la Guerra en el mar


Por José Enrique Vázquez

En Europa, y también en mayor o menor medida en el resto del mundo, el día 1 de Septiembre de 1.939 es una fecha aciaga, ya que marca el inicio de una de las mayores conflagraciones que ha sufrido la humanidad: la Segunda Guerra Mundial.
            Aunque su origen se remonta muchos años atrás, la guerra que se llevó la vida de millones de personas tuvo un inicial protagonista: Adolf Hitler y la Alemania nazi. Con la invasión de Polonia, Hitler comienza un plan que pretende adueñarse de casi toda Europa incluyendo Rusia e Inglaterra, su enemigo principal. El ejército alemán está preparado para pasar a la acción, y en tierra posee una gran capacidad ofensiva. Sin embargo, la maquinaria militar germana tiene a su vez grandes carencias. Una de ellas es su ejército del aire, y la mayor de todas, su armada.
            En efecto, la potencia militar europea en el mar era Inglaterra, la cual poseía una gran cantidad de efectivos, tanto destructores como cruceros y otros barcos de guerra con los que Alemania en modo alguno podía competir. Además, tampoco tenía tiempo para fabricar grandes buques – salvedad hecha y única del Bismarck, claro, que tuvo un trágico destino -, con lo cual, la tarea de sojuzgar a los ingleses por mar era muy difícil.
            En la mente de Hitler estaba entonces la denominada “Operación Lobo Marino”, consistente en un despliegue militar destinado a realizar con éxito un desembarco en las islas británicas, pero antes de eso era indispensable la derrota por mar del enemigo.
            Cuando Hitler tuvo claro lo anterior, encargó al Almirante Döenitz que preparara el arma submarina para infligir todo el daño posible a la armada británica. Este encargo se realizó meses antes de Septiembre de 1.939, y en sus memorias, Döenitz confiesa que por entonces, tenía que competir con otros mandos de marina que mantenían la idea de destinar el hierro y acero que había disponible en armar grandes buques, en lugar de dar protagonismo a los submarinos.
            Ante esta tesitura, el Almirante hizo unos cálculos bastante certeros que trasladó a Hitler, y fueron los siguientes: en primer lugar, la construcción de gran cantidad de submarinos debía ser prioridad del estado, destinándose más hombres y más tecnología destinada a esta labor. En segundo lugar, esto requería abandonar la idea de construir grandes barcos porque nunca iban a poder competir en este aspecto con Inglaterra, y ello para dedicar todo el metal disponible a la construcción de sumergibles. En tercero, la cadena de montaje de submarinos debía funcionar a toda velocidad para conseguir una cantidad mínima que Döenitz consideraba indispensable para cortar los suministros que llegaban a Inglaterra por mar, y esta cantidad mínima era la de 300 submarinos, de los cuales, 100 estarían operando en la zona destinada a patrulla, otros 100 estarían de regreso a la base, y los 100 restantes estaban pendientes de reparación para volver a la mar.
            Cuando la guerra empezó, la cantidad de submarinos operativos estaba muy lejos de la solicitada por Döenitz. Pese a ello, durante los primeros meses de la guerra y hasta casi el año 1.941, los escasos U-Boote alemanes pudieron hundir bastantes barcos enemigos, aunque remitiéndonos de nuevo a las memorias del Almirante, esos hundimientos no impedían la llegada de más barcos a las islas británicas, con lo cual, el objetivo era ya un fracaso casi desde el principio.
            Sin embargo, los primeros éxitos de los sumergibles germanos hicieron un efecto no deseado en el enemigo, que encontró una razón para concentrar los esfuerzos en superar la molesta amenaza de los submarinistas. Así, los ingleses – el propio Churchill en varias ocasiones – alentaron la idea de que el peligro submarino era mucho mayor de lo que en realidad representaba, con la finalidad de conseguir que sus aliados norteamericanos les cedieran más barcos y más tecnología para combatirlos; y la estrategia tuvo un éxito pleno.
            Estados Unidos, pese a que al inicio de la guerra se declaró neutral, en la práctica enviaba de forma bastante descarada suministros, armas y materiales a Inglaterra, incluyendo los metales y víveres necesarios para la resistencia de sus aliados ingleses. Con la amenaza de los submarinos alemanes y la maximización de sus hundimientos, la alarma cundió entre los norteamericanos, y eso inclinó la balanza – afortunadamente, hay que decir – a favor de los aliados. El presidente Roosvelt se comprometió a aumentar la ayuda a Inglaterra para evitar que perdieran la guerra.
            Así las cosas, ya podemos anticipar con mayor claridad cuáles fueron las razones principales por las que los submarinos alemanes no pudieron ganar la guerra en el mar. En este punto, hay que recalcar el hecho de que este artículo no pretende realizar un análisis de las causas profundas que motivaron el inicio ni el posterior discurrir de la guerra, pero nos va a permitir tener una idea mucho más clara de lo ocurrido, de modo que las causas que podemos establecer son las siguientes:

            1.- El Almirante Döenitz nunca tuvo los submarinos suficientes que solicitó para cortar los suministros a Inglaterra.
            Esta afirmación está basada en datos objetivos, y consta en varios estudios. El propio Döenitz lo reconoce en sus memorias.

            2.- Alemania basó su estrategia en construir más submarinos, pero del tipo más rápido de poner en servicio.
            En efecto, ya en plena guerra mundial, llega un momento en el cual Hitler levanta su veto a la construcción masiva de submarinos – tarde ya, claro -, y en ese momento se prefiere fabricar submarinos ligeros, más fáciles de ensamblar.
            Este hecho es otro fallo más. Los submarinos pequeños eran más manejables, pero tenían poca autonomía y muchas limitaciones, entre las cuales se encontraba su incapacidad para afrontar un ataque aéreo enemigo. Ante esto, Döenitz, como mal menor, instaba a sus capitanes a entrenar a la tripulación para sumergirse lo antes posible para escapar al ataque. Sin embargo, esta estrategia no evitó que muchos U-boote fuesen hundidos en pocos minutos por aviones de la R.A.F., la aviación inglesa.

            3.- La tecnología de los submarinos quedó obsoleta en pocos meses, y no fue capaz de adaptarse a los nuevos avances.
            Al inicio de la contienda, los sumergibles tenían muchos problemas con los torpedos. Muchos no explotaban, y otros se desviaban de su objetivo. Este problema perduró en el tiempo, con lo cual, el esfuerzo que representaba llevar un U-boote a altar mar, muchas veces quedaba vano, ya que cuando encontraban un convoy, de los torpedos que llevaban, la mayoría no eran realmente operativos. Cuando los alemanes solucionaron técnicamente esta dificultad, ya era tarde.
            Por el contrario, los aliados, conforme avanzaba la guerra, perfeccionaban cada vez más las medidas contra los submarinos de Hitler. El sonar y el radar los hacía cada vez más vulnerables. Además, se construyeron aviones con mayor alcance para darles caza incluso en mitad del océano, con lo cual, a finales de la guerra apenas podían navegar en superficie, ya que eran rápidamente detectados y hundidos. Perfeccionaron la técnica del viaje en convoy, con lo cual, se lo pusieron muy difícil a los submarinos alemanes.

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