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miércoles, 19 de diciembre de 2018

#Reseña: Reina roja de Juan Gómez-Jurado


Por Enrique de la Cruz (@navegante_no)

De las múltiples y variadas formas en las que se puede medir el éxito, el dinero es la más efectiva.  Esto, que parece un aforismo maligno-neoliberal no lo es. El dinero es la forma más común de medir lo que algo te importa, porque el dinero es algo que todos valoramos. Por supuesto que unos lo valoran más que otros, pero para medir el éxito creo que nos vale. En ese terreno, Reina Roja, de Juan Gómez-Jurado, novela que nos ocupa, está triunfando.

Si al gasto/inversión económica se le añade el gasto/inversión de tiempo para leer las casi 600 páginas de la edición en tapa dura, nos queda un balance más que positivo a favor de esta novela de Juan Gómez-Jurado, al que conocerán de otras novelas como Cicatriz, o de podcast como Todopoderosos. Desde este mismo podcast, por ejemplo, se hizo una extensa campaña de publicidad que se ha completado por otros medios.

OJO, A PARTIR DE AQUÍ PUEDEN DESVELARSE DATOS IMPORTANTES DE LA TRAMA. CONTINÚE BAJO SU PROPIA RESPONSABILIDAD.

En esta campaña se atacaron varios objetivos, lo primero que quisieron hacer el autor y la maquinaria editorial fue envolver a la novela de un misterio, a todas luces exagerado, pidiendo encarecidamente que nadie contara nada sobre la trama, que los lectores llegásemos “vírgenes” a la novela. El truco se ha demostrado resultón, pero no deja de ser una treta que queda al descubierto cuando la lees porque la trama es bastante lineal y ni siquiera es muy original.

El siguiente paso era engordar un poco a los personajes, aquí le toca a Antonia Scott, una cerebrito reclutada para un programa secreto que blablabla. Un personaje que no reconoce la ironía (saludos a Sheldon Cooper) y a la que le falta el sentido del olfato. Parece ser que eso es dotar de profundidad a un personaje. Luego está Jon Gutiérrez, caído en desgracia por malas prácticas policiales. Ambos empiezan su relación de mala manera pero terminan congeniando. La otra pata de la mesa es el tal Mentor, que no es más que eso, el jefe de la división secreta que instruyó a Scott con métodos extremos y que la llevó al punto en el que se encuentra la heroína.

Entramos en la trama y el ritmo. La primera no deja de ser una habitual historia de secuestros, en este caso de hijos de grandes fortunas españolas. La hija, aficionada a la equitación, de un empresario textil (a nadie se le escapa a quién se refiere) y el hijo de una banquera que heredó el puesto de su padre (un gran botín, ¿lo pillas?) No hay nada nuevo en la trama, la verdad. En cuanto al ritmo, en mi opinión, resulta engañoso porque esos capítulos cortos dan una falsa sensación de ritmo y la técnica de dejar en alto los capítulos queda demasiado al descubierto.

Esa estructura de capítulos cortos resulta muy cinematográfica, no me extrañaría que hubiese adaptación a la gran pantalla. De hecho, creo que le ha quedado un capítulo de Mentes Criminales de libro, si se me permite el juego de palabras.

Entonces... ¿qué tiene de bueno la novela? Pues creo que es entretenida, en términos generales, no da más. Me temo que, por ejemplo, no he entrado en esos juegos con las canciones de Sabina. También hay que reconocer que el precio del ebook es muy bueno: 4,74€ una novedad editorial de este calibre es un precio muy competitivo.


Ya sabemos que la publicidad hace milagros y que Sprite solo quita la sed, pero para saber si el éxito que está cosechando la obra es producto de la publicidad o no, es necesario leerla, cosa que recomiendo pero también digo, aunque es posible que cometa un error imperdonable, que me quedaré con las ganas de ver todo lo que parece que se aprecia en una segunda o tercera lectura de la novela, como sostiene Gorka Rojo en este artículo, publicado en Zenda, donde también colabora Gómez-Jurado (¿más publicidad? No, por favor, no seamos malpensados)



 SINOPSIS

Antonia Scott es especial. Muy especial.

No es policía ni criminalista. Nunca ha empuñado un arma ni llevado una placa, y, sin embargo, ha resuelto decenas de crímenes.

Pero hace un tiempo que Antonia no sale de su ático de Lavapiés. Las cosas que ha perdido le importan mucho más que las que esperan ahí fuera.

Tampoco recibe visitas. Por eso no le gusta nada, nada, cuando escucha unos pasos desconocidos subiendo las escaleras hasta el último piso.

Sea quien sea, Antonia está segura de que viene a buscarla.

Y eso le gusta aún menos.



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