lunes, 16 de marzo de 2009

El verdugo de Dios de Toti Martínez de Lezea

Hubo una época de mi vida que me pasaba los meses leyendo novelas históricas. Aún quedan vestigios de esos días en mi biblioteca, ya que más o menos la mitad de los libros que tengo tienen esa temática.

Ahora hacía más de un año que no leía ninguna novela histórica, desde que leí El mundo sin fin de Ken Follett, y antes que este no sabría recordar cuanto tiempo hacía.

¿Y por qué explico esto? Para poneros en antecedentes de mi comentario posterior, que creo no será todo lo positivo que debería ser, supongo que llevado por el “cansancio” de leer este tipo de novelas.

¿Qué me llevó de nuevo a leer una novela histórica? Una amiga me la recomendó con todo su cariño y más sabiendo que una de las tramas estaba ligada al Camino de Santiago al que tanto venero y en tanta estima tengo.

Primera desilusión: el Camino está, pero podría no estar, ya que no tiene ninguna importancia en la trama general, y por tanto, todas las expectativas que me había generado sobre vivir una aventura novelada en el Camino se esfumaron como el que abre una ventana después de ducharse para que salga el vaho.

El Camino debe de estar porqué, como bien explica en un anexo la autora, normalmente la gente se escondía haciéndose pasar por peregrinos.

Segunda desilusión: es más de lo mismo y sin demasiados sobresaltos. Sí, se podría decir que Un mundo sin fin es más de los mismo, pero los personajes, como mínimo a mi, me engancharon y quise saber más de ellos. En esta novela no me ha sucedido lo mismo. Me daba absolutamente igual lo que le sucediera a unos y otros. No me sentía atraído por ninguna de las historias, ni siquiera por las amorosas que tanto pueden llegar a enganchar con la consabida tensión sexual.

Investigando por algunos foros, alguien compara la novela con Los pilares de la tierra; se tiene que aceptar todas las opiniones, pero no es la mía ni de lejos.

Creo que el problema radica en intentar explicar demasiadas cosas a la misma vez y todo queda como aguado, o esa ha sido mi sensación.

Toti Martínez de Lezea está considerada una de las mejores escritores en lengua castellana del género, y yo no voy a ser el que diga que lo hace mal, pues no es así (ahora es cuando me remito al primer párrafo) La novela no está mal, pero creo que le falta ritmo, que se repiten demasiados patrones, que se repiten demasiadas escenas de Tom y Jerry (persecuciones con el Camino de Santiago de fondo), y además se queda a las puertas del inicio del Camino (Torre del Río, para los que conozcan el Camino).

Decir que tiene una segunda parte, pero creo que no lo leeré sin antes desintoxicarme de novelas históricas (nuevamente me remito al primer párrafo).

En definitiva, recomendada para todos aquellos lectores que no estén intoxicados.

Os dejo un enlace donde se hace otro comentario sobre un libro de la autora en otro tono totalmente diferente:

http://moonenergie.blogspot.com/2009/01/la-herbolera-de-toti-martnez-de-lezea.html

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Sinopsis (extraída de la contraportada)

En primavera del año 1239, en el Mont-Aimé, próximo a la pequeña población de Vertus, en el norte de Francia, durante el reinado de Teobaldo I de Navarra, conde de Champaña, 183 cátaros, hombres y mujeres, son ejecutados en la hoguera acusados de herejía. El responsable del crimen es un fraile, Robert Lepetit, llamado “el bugre”, nombrado inquisidor por el Papa Gregorio IX. Debido a sus muchos y horrendos crímenes, a su crueldad y sadismo, es depuesto, juzgado y expulsado de la orden de los dominicos. Escapa de la cárcel y emprende el camino hacia Compostela.




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