martes, 14 de julio de 2009

Rendición

Hacía tiempo que no publicaba un relato en mi blog y mucho más tiempo que no escribía uno. Hoy me he propuesto hacerlo y me ha gustado volver a sentir esa especie de química que no envuelve cuando creamos una historia.


-¿Recuerdas esta fotografía? –le dijo acercándosela.

-Sí, perfectamente –cogiéndola.

-¿Y?

-¿Qué? –dijo después de una larga pausa.

-¿En qué piensas?

-En el tiempo que ha pasado, en las cosas que han cambiado.

-¿Y te sientes contento?

-Por el tiempo pasado sí, es un camino que se debe recorrer, sin excusas, sin pausas.

-¿Y por los cambios?

-Me hubiera gustado tomar otros caminos, quizás –e hizo una pausa para reflexionar lo que iba a decir a continuación-. Puede que en su día no viera la encrucijada, o no quise verla. Quizás siempre cogí el camino más fácil en cada cruce.

-Supongo que no es fácil para nadie tomar según que decisiones.

-Seguro que no es fácil. Lo mejor sería poder ver las consecuencias de tus decisiones antes de tomarlas.

-Pero eso le quitaría emoción a la vida.

-Y también sufrimientos innecesarios.

-Creo que se tiene que sufrir para poder vivir con plenitud.

-Eso lo dices porqué has sufrido poco. Has tenido una vida muy plácida.

-¿Hombre? Tanto como plácida.

-Si la comparas con la mía, pues sí.

-Por eso estoy aquí, por eso te he traído esta fotografía, para que des cuenta que todavía es posible cambiar el rumbo de tu vida, salir del ostracismo al que te has sometido durante estos últimos años, sufrido por todos nosotros al no contar con tu presencia, con compañía, tus risas, tus comentarios irónicos.

-Pero es que no tengo ganas de cambiar.

-Pero acabas de decir que te hubiera gustado tomar otros caminos.

-Sí, pero decir puedo decir misa y hacer lo que quiera.

-Antes tenías palabras.

-Antes tenía ganas de hacer muchas cosas. Ahora sólo aquellas que no me generen dolor, y salir al mundo es sentir dolor.

-Yo te puedo ayudar, te puedo acompañar.

-Gracias, pero, ¿quién me asegura que lo conseguirás?

-Nadie, nadie te lo puede asegurar, pero te puedo asegurar que no estás sólo, te puedo asegurar que estaré siempre contigo.

-Eso ya no es suficiente.

-¿Y qué necesitas entonces para convencerte?

-Si lo supiera te lo diría, tenlo por seguro –y se hizo un largo silencio-. Llévate la fotografía, y gracias por la visita, te la agradezco de corazón –y se miraron-. No pierdas más el tiempo conmigo.

-¿Quizás necesites otro tipo de ayuda? Conozco a un…

-¡No! ¡No quiero ningún tipo de ayuda! –alzó la voz y luego la moderó para continuar diciéndole-. Gracias. ¿Aún no te has dado cuenta que me he rendido? Qué ya me está bien como están las cosas, qué no sufro, qué no siento, qué me importa un carajo lo que piensen de mi.

-Me cuesta entenderlo porqué te conozco desde que naciste.

-Quizás eres tú el que necesite esa ayuda. A lo mejor así me entenderías.

El amigo recogió la fotografía, la volvió a meter en el sobre de donde la sacó, se levantó sin movimientos bruscos, y se dirigió a la puerta sin mirarlo.

-Pensaré en lo último que me acabas de decir –le dijo desde la puerta-.



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