viernes, 25 de septiembre de 2009

Abierto toda la noche de David Trueba


“El hogar es el único local abierto toda la noche”, dijo Ambrose Bierce, escritor americano que desapareció en extrañas circunstancias en la primer cuatro del S.XX y que es el autor del Diccionario del diablo, una de sus obras más famosas.
David Trueba aprovecha la frase del escritor americano para presentarnos una fascinante estampa de familia, donde la comedia, el amor, el drama, el deseo, la soledad, los perdedores, los invisibles, se van entremezclando llenando de vivos matices una gran obra.
Todos y cada uno de los componentes de la familia Belitre tienen algo que contar, algo que aportar al lector que desea seguir leyendo para comprobar que les sucede. Félix es el padre de la familia; Paula la madre; Felisin, Basilio, Nacho, Gaspar, Matías y Lucas son sus seis hijos. Si añadimos al abuelo, la abuela, la sirvienta, el psicólogo, la prostituta, los testigos de Jehová y el narrador, tenemos el cuadro completo. Cada una de las historias tienen miga y de la buena.
La enfermedad de Latimer, desconocida para mí, es uno de los ingredientes de la ensalada que hará que los personajes vivan situaciones cómicas, pero sobre todo dramáticas, y que ponga a la familia contra las cuerdas.
La novela tiene una gran carga amorosa. Todos y cada uno de los personajes están muy faltos de amor. Pasan gran parte del libro intentando encontrarlo, intentando recuperarlo, intentando conocerlo.
Abierto toda la noche fue la primera novela de David Trueba, que hasta el momento tiene tres publicadas: Saber perder (la última y brutal), y Cuatro amigos (que recomiendo a los que quieran recuperar algunas escenas de juventud y romper a reír espontáneamente). No sé cual de la tres es mejor. La tres tienen el estilo inconfundible del escritor, aunque está en concreto no se queda corta ante Saber perder, uno de los libros que más me gustaron en el 2008.
Y que decir del final de la novela. Cuando parece que todo está explicado, cuando parece que las hojas empiezan a caer sin remisión del árbol, el autor inventa un final un poco inesperado, y digo inesperado, porqué el escritor nos deja caer una frase lapidaria dos o tres capítulos antes del final que te hacen intuir que algo más tiene que suceder. “La familia Belitre riendo, ése es el mejor recuerdo que guardo de ellos.”
El otro día al ir a comprarlo, hacía tiempo que tenía pendiente su lectura, el librero me dijo: “Éste es de los buenos, ¿verdad? Los que como él escriben con cuentan gotas, cuando lo hacen lo bordan.” Y que razón tiene. Por una parte pienso que es una lástima que no podamos disfrutar de más novelas de David Trueba, pero por la otra pienso que si todas las que escriba son como las que ha hecho, vale la pena esperar, pero que no sea mucho.
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