jueves, 17 de septiembre de 2009

Necesito unas gafas nuevas

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Necesito unas gafas nuevas para poder ver el Camino de mi vida con una nueva luz.

Necesito unas gafas nuevas para poder ver las miradas de amor de los demás hacía mi persona.

Necesito unas gafas nuevas para poder ver el renacer del optimismo; para poder ver todo lo bueno que hay en el mundo y no sólo fijarme en lo negativo.

Necesito unas gafas nuevas para poder volver a tener aquella mirada infantil que descubría el mundo; para volver a disfrutar con las cosas pequeñas que me suceden cada día; para aceptar mejor la críticas que me hacen los que me rodean; para comprender a los adolescentes cuando refunfuñan por cualquier cosa y a los mayores cuando, con la mirada perdida, me explican una y otra vez las mismas historias viviéndolas como la primera.

-¿Y cuánto valen esas gafas? –le preguntó al oftalmólogo que no salía de su asombro y no sabía dónde esconderse.

-Uf, tendré que llamar a la central. El catálogo que tenemos es del año pasado y creo que justo ahora publicarán el nuevo con todas las novedades.

-¿Y si las tuvieran? ¿Tardarán mucho en llegar? –insistió el cliente mientras frotaba sus viejas gafas con una delicado paño.

El oftalmólogo fijo su mirada en los ojos de su cliente y le dijo:

-Quizás días, quizás meses, quizás años. Todo depende de usted y de la postura que escojas al salir por la puerta de la óptica.

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