viernes, 30 de octubre de 2009

Caballos corriendo

Hoy os presento un relato de Sonia Moore que espero haga las delicias de los que se acerquen a leerlo por las dosis justas de ironía y sátira que ha puesto al cocinarlo.


Odio ese reloj de madera. ¿No te parece horrible? Es el típico reloj alargado que tiene tres esferas y una marca las horas, la otra marca los minutos y la otra los segundos. Antes se vendían como churros en el mercado. Sí, ya sé que nosotros también tenemos uno en casa. ¿Por qué la gente pone relojes en la pared del comedor? Bueno, y en la cocina, y en la habitación; todo el día controlados por el reloj. Míralo, que majo el reloj, tic tac, sobre la pared estucada. Ai!, odio los relojes y odio ese estuco de la pared. De hecho, odio los estucos. ¿Que odio todo? Eso no es verdad. ¿Tú crees que todos los que están aquí tienen un reloj como ese en su casa? Ya, ya sé que pienso demasiado en estas cosas, pero qué quieres, me aburro, tengo hambre y se me está durmiendo la mano de aguantar el poema. ¿Por qué no te han encargado a ti escribirlo y leerlo? Sí, no te rías, al menos podrías leerlo tú, ya sabes que a mí me da vergüenza, me suben los colores y me tiemblan los labios. Además, no sé escribir. ¿Que por qué lo hago? ¡Jo!, ¿y qué querías que dijese? Ya sabes que no sé negarme. Me miraron con esas caritas… No, no me estoy quejando otra vez. ¡Cómo no paren de hablar todos a la vez voy a destrozar algún coche de ahí fuera! Perro ladrador poco mordedor, sí, sí, tienes razón.

¿Es que no ven que están esperándonos la cámara y el fotógrafo? Aunque si por mi fuera no se hace y ya está. ¡Ai!, y los vestidos que llevan, tan emperifolladas ellas y tan empiñonados ellos…En fin, aún no sé como cabemos todos en el comedor. ¿no te sientes idiota vestido así? A mí me duelen los ojos de ver tanta mujer maquillada y tanto hombre corbateado. Tengo hambre. ¡¿Y los canapés?! O pasemos ya a la tarta y así nos ahorramos todo lo demás.

Está todo el mundo histérico. No paran de entrar y salir. Dios mío, qué alguien ponga orden. ¿No hay juez en la sala? Ya podrías decirle que se callasen todos y sentaran sus puñeteros culos en el sofá y en las sillas
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