viernes, 2 de octubre de 2009

Sábados literarios:Enfrentándose a sus recuerdos



Sábados literarios es un viaje literario por diferentes blog con un tema en común propuesto por la conductora del simbólico bus donde nos encontraremos todos. La conductora de esta semana es: Teresa. Sábados literarios


¿Cuánto hacía que no pisaba aquel suelo? El tiempo se desvaneció, se paró su reloj vital tras cerrar una noche de triste recuerdo la puerta de su casa. Y es que cada rincón, cada escalón, cada mueble le recordaba que ella no estaba, que habían dejado de compartir la vida. ¿Cuánto tiempo estuvo aferrado a su vida después de muerta?
Había sido muy duro despertar y volver a aprender a vivir, a convivir con la soledad en un pequeño ático que alquiló para esconderse, para refugiarse del dolor, para escapar de su presencia invisible que lo torturaba.

Con el paso de los años y la ayuda de una magnífica psicóloga, pudo dar el paso que estaba dando. Volver; a tocar su cama donde tantas veces se abrazaron renovando su amor.
Volver; a encender la chimenea y sentarse en su butacón sin llorar al contemplar el de ella vacío. Tantas habían sido las veladas que pasaron leyéndose el uno al otro con la suave música del crepitar de la madera.
Volver; a comer sobre la mesa del salón y recordar la mil y una historias que allí se explicaron; las decenas de veces que probaron la resistencia de la mesa simulando la escena del “Cartero siempre llama dos veces”, pero sin harina.

Un dulce perfume hizo que subiera a la planta superior, y guiado por su olfato abrió la que fue su mesita de noche. En el primer cajón estaban todas aquellas pastillas que se vio obligada a tomar y que de una forma y otro alargaron su sufrimiento, su agonía, pero al mismo tiempo, le daban esperanzas a él. Después de su muerte, y cuando pudo pensar con lucidez, se sintió culpable de no querer su muerte más prontamente.
En el segundo cajón encontró parte de su ropa interior. No pudo resistir la tentación de coger varias prendas e intentar percibir algún átomo de ella. Todavía creyó que tenían impregnado su perfume; su imaginación y sus sentidos lo traicionaban: era el suavizante que tantos años utilizaron. Pero bendita imagen la que le evocó.
Después de varios minutos abrió el tercer cajón donde no esperaba encontrar las fotografías, enganchadas y clasificadas temporalmente, de una corta, intensa y feliz vida en pareja. Mientras pasaba sus páginas algunas lágrimas cayeron sobre ellas, pero como si su desaparecida mujer lo hubiera previsto, se escurrieron sobre la fina capa de plástico que las protegía.
Una vez las contempló todas, cerró el álbum, se tumbó en la cama que tantos secretos guardaba y se quedó dormido abrazado a sus recuerdos. Ahora podía convivir con ellos. Ya no estaba sólo. Podía volver a vivir aceptado que ella nunca más volvería.
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