jueves, 5 de noviembre de 2009

Nunca llueve eternamente

Me ha llegado por correo este precioso relato que quería compartir con vosotros con la autorización, claro está, de su autora que todavía está pensándose si hacerse un blog o no, y por eso, le he insistido para que pudiera publicarlo en el mío, ya que creo tiene mucha fuerza y no podía caer en el olvido, y así de paso, a ver si se anima a hacérselo.

Los relojes se paran. Llueve una y otra vez. Otra vez. Suenan los Who de fondo y tengo ganas de fumar. Que me envuelva el humo y que tape esta habitación. Estar en otra parte. Quizás contigo. ¿En una aldea?
Llueve y truena. Como mi corazón. Tu móvil está apagado y telefónica se quiere forrar conmigo. Aun así, mi enfermedad/locura por ti es tan grande que sigo intentando llamarte. Y no puedo parar. Como la lluvia.
Estoy triste porque no puedo expresar lo que siento a nadie. Y me siento sola. Aun cuando estoy acompañada. Quiero pasarme la vida cantando en un bar con una cerveza al lado mientras la gente escucha o simplemente se relaja, conmigo, a mi lado. Con los ojos cerrados. Y ahora truena aun más y tu teléfono está apagado o fuera de cobertura. Pero está bien, me gusta hablar más en persona contigo. Puedo esperar. Soy buena con la espera.
Espero mientras llueve y el suelo resbala tanto que podría convertirse en un tobogán que me llevase a ti. Construiría un parque de atracciones si así ahora mismo pudiese hablar contigo. No es una promesa. Si pudiera lo haría.
Espero sin un cigarrillo imaginándome el humo. Como tu juegas con el humo y me dices: "siempre van a los guapos".
Espero al chico de ojos azules. Aunque haya niebla. Aunque no pueda atraparlo. Estoy triste. Pero estoy viva.

"Nunca llueve eternamente" dijo el cuervo.


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