domingo, 17 de enero de 2010

La ladrona de palabras



La entrada de hoy es un pequeño fragmento de un relato de Sonia Moore que me hizo llegar el otro día. El relato en cuestión tiene una extensión considerable y se podría decir que está en proceso de revisión. Con todo, he decidido, con el consentimiento de su autora, publicar lo que a continuación leeréis, pues creo que vale mucho la pena por su frescor y por las imagenes que provoca.

Tengo un vicio muy malo o bueno, según como se mire, y es que cuando estoy sola esperando en una estación de tren o cuando voy en el mismo tren me encanta escuchar la conversaciones de la gente, qué dicen, qué piensan, qué hacen…Y mientras ellos hablan, sin que lo sepan, anoto cada palabra que dicen, o al menos escribo todo lo que me da tiempo a copiar. No, sé lo que están pensando, pero se equivocan, no soy de esas personas chafarderas o rufianes que solo quieren saber de la otra gente porque sus propias vidas están vacías y no tienen nada mejor qué hacer. No, es tan sólo un hobbie como otro cualquiera,¿es qué ustedes no tienen hobbie?. Bueno, hay quien su hobbie es robar flores de los jardincitos de los demás, o quién se entretiene rebuscando entre la basura para encontrar muebles viejos o cualquier otra cosa de utilidad, o sin utilidad, pero la cuestión es encontrar algo (yo una vez me encontré un sofá que era la mar de cómodo y estaba enterito, pero no sabía como llevármelo a casa, ojalá se pudiera poner en pequeñas cápsulas como los dibujos de bola de dragón).

Lo sé, robo las palabras de los demás; soy una roba conversaciones; una roba momentos, pero al menos no robo el corazón de nadie, como hacen otros y otras. Sólo robo palabras y las pongo al servicio de ustedes o a veces únicamente las leo yo. Si alguien se siente identificado dentro de alguna conversación, lo siento, no hablen públicamente y así yo no les robaré sus palabras. No vendan sus palabras y yo no las compraré. Así de sencillo.
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