lunes, 24 de septiembre de 2012

La Isla del Tesoro Z de Alejandro De-Bernardi


Ya os comenté cuando lo anuncié como novedad literaria, que nunca antes había leído una adaptación de un clásico al mundo Z. Curioso como soy, tenía ganas de ver que se podía aportar al mundo literario desde esa perspectiva y de ahí que me interesara por la lectura de La Isla del Tesoro Z de Alejandro De-Bernardi.

Debo confesar que hace muchos años que leí la magnífica novela de Robert Louis Stevenson y que mi memoria es bastante selectiva. Con ello os quiero poner en antecedentes, pues no encontraréis en este escrito comparativa, explicita, entre las dos novelas. Entiendo que la reseña puede quedar coja y que hubiera sido mucho mejor poder decir esto y aquello de una respeto a la otra, pero el tiempo es el que es y creo que con lo que apuntaré será suficiente para hacerse una idea de mis sensaciones después de su lectura.


La Isla del Tesoro Z peca de poca ambientación, o dicho de otro modo, la creación de la atmósfera. No me ha llegado. No he sentido los olores de la taberna; la sudor de los piratas en el barco; el agobio de una remota Isla casi virgen llena de vegetación; el miedo ante los zombis,… Y para mí eso sumamente importante. En varios momentos tuve la sensación de no estar leyendo una novela de piratas o de zombis, entendiendo que los últimos son una mera excusa dentro de la argumentación en casi todas las novelas del género, que lo verdaderamente importante son las historias de sus personajes.
Quiero pensar que es el problema de enfrentarse a una revisión de un texto anterior. Supongo que Alejandro ha intentado mantener el hilo argumental, pero alejándose de las palabras que el maestro Stevenson utilizó para meternos de lleno en la novela por aquello de no parecer una copia.

Otro de los pecados que creo que comete la narración es las similitudes del texto con la archiconocida saga de películas Los Piratas del Caribe.
Quizás sí nos pueda convencer en la gran pantalla, piratas que andan por encima del lecho de los mares y recorrer grandes distancias después de muertos. También nos puede convencer las bromas Johnny Depp despistando nuestra atención de los fantástico, o incluso podemos creernos en esa atmósfera creada, que un barco surja de la nada como su de un submarino se tratara lleno de muertos vivientes. Pero a mí no cuando nos encontramos delante de una novela de temática zombi.
Novedad tras novedad Z que leo, os voy explicando que alucino con la imaginación de los escritores al poder encontrar una innovación Z, una vuelta de tuerca más. Seguro que Alejandro pensó que su escrito podía aportar una nueva forma de ver los zombis, pero llamarme clasicista: no me convencen los zombis que hablan, que piensan, que luchan, que navegan. Yo los asocio más con los fantasmas.

 
Llegué al epílogo con ganas de que la cosa diera un vuelco y casi lo consigue. Me ha parecido interesante, casi seguro que no sale en el original, dándole un valor añadido al texto, pero de nuevo, no me acabó de convencer el concepto zombi de Alejandro.

Llegados a este punto quiero que tengáis claro que no se trata de una mala novela, aunque lo parezca por mi reseña, es simplemente que me he topado de bruces con la concepción zombi que trasmite la novela. Puede que estuviera mal acostumbrado o que sea un hombre corto de miras, no sé.
Puede que a vosotros sí que os seduzca dicho concepto y de ahí que os invite a leerla sino os chirría nada de lo anterior expuesto.

Y quiero añadir en favor de la novela que, se lee de una tirada; que tiene bastante ritmo, yendo al grano de las cosas; que es entretenida; que puede provocar que alguien que no conozca la novela original se la lea; o incluso que alguien que la leyó en su día la vuelva a leer (siempre es bueno tener tiempo para retomar los clásicos).

Esta han sido mis sensaciones, mi opinión, una opinión. Ahora tenéis que ser vosotros los que decidís.
Publicar un comentario