jueves, 10 de enero de 2013

La marca del meridiano de Lorenzo Silva

Ya hace años, ellos pasan los libros perduran, que leí por primera vez a Lorenzo Silva. Tendría que hacer un ejercicio de memoria para recordar si fue primero El lejano país de los estanques (1998, 1r entrega de la serie Bevilacqua-Chamorro) o La flaqueza del bolchevique (1997), aunque tampoco importa mucho. Lo que de verdad importa fue la huella que dejó en mí. Me fascinó, me enganchó. Había encontrado un autor que seguir.
Por eso me puse tan contento al enterarme que había ganado el Premio Planeta 2012 con la séptima entrega de Bevilacqua-Chamorro, La marca del meridiano, aunque también me sorprendió que se apostara por un libro incluido en una serie. Se comentó mucho en la red, pero todos llegamos a la conclusión que Lorenzo se lo merecía y que la novela negra más que nadie.
No quiero entrar en discusiones sobre el tema de los premios, simplemente diré, que si sirven para fomentar la lectura y encima la novela negra, bienvenidos sean.

Para los que no conozcáis la serie os pondré en antecedentes sobre los personajes principales, Bevilacqua y Chamorro. Son una pareja de Guardias Civiles, un hombre el primero y una mujer la segunda. Uf, sí, yo también lo pensé el primer día: Guardias Civiles. Creo que Lorenzo ha sabido acercarnos de una forma un poco más amable al dicho cuerpo, y en cierta forma, limpiar la imagen oscura que tenemos de él. Y a demás, no desaprovecha la ocasión para robarnos unas risas con la pareja, que como os podéis imaginar, se las trae. También existe la tensión sexual, más por parte del lector mal pensado (yo soy uno de ellos) que por el propio escrito, aunque debo decir que en las primeras entregas, un tanto más gamberras, dicha tensión se podía leer y palpar. Todavía recuerdo la imagen de la pareja haciendo una vigilancia en una playa nudista; los dos en cueros y diciendo: aquí estamos. Me reí mucho, y es que Lorenzo Silva le pone esa pizca de humor necesario a aquello que escribe, y en La marca del meridiano, no podía faltar.

Un dato importante a tener en cuenta, y que antes se me pasó por alto, es que no es necesario leerse la anteriores entregas para poder entender esta (supongo que eso pesó en el jurado al apostar por una serie), pero si que os aconsejo que lo hagáis si os gusta esta entrega, pues para mi gusto, no es la mejor de las siete.

El título de la novela me tuvo un poco desconcertado (siempre me ha gustado jugar a anticiparme en lo que respecta a su significado). Una vez descubierto me parece una excelente elección por la metáfora que existe dentro de él y que no os quiero destripar, pues se explica con claridad en sus últimas páginas.

La novela tiene un tempo lento en su primera parte para desbocarse en su final y culminar con un epílogo total. Vas avanzando en la lectura y, si está más preocupado por el caso que por los personajes, te puedes ahogar. La gracia de la novela está en los personajes, esa es su fuerza. Vemos desde las primeras páginas que Bevilacqua no está cómodo con alguna cosa y falta a la confianza de su compañera, para luego, cuando el autor se toma en descanso en su final desbocado, abrirle su corazón como no lo había hecho antes. Esa última parte que comento me ha parecido de lo mejor de la novela. Ver flaquear al duro Bevilacqua y contarlo como lo cuenta él, te llega.

Otra de las buenas aportaciones que ofrece la novela son los interrogatorios que Lorenzo se inventa para su personaje principal. Es un maestro. Todo está milimetrado y con un estilo que le da la fuerza, la seguridad necesaria para creer que tenemos al personaje a nuestro lado y nos interroga a nosotros. No muchos lo consiguen. Os invito a que os fijéis en ese hecho y en la diferencia con los otros personajes.

Y el caso, no hemos hablado de él. Veréis que el argumento no es nada complicado. Que la investigación va paso a paso, pequeña pista a pequeña pista, hasta llegar al final donde todo se precipita demasiado rápido para mi gusto. Sí, quizás sea así en la vida real y los investigadores agradezcan las casualidades o las destrezas de un informático para encontrar aquello que nadie puede encontrar y que ni tan siquiera se sospecha de que existe. Creo que el buen rato que nos hace pasar compensa ese hecho; y sino que se lo pregunté a Mankell y sus gloriosos finales tipo: pasaba por aquí (pero que grande es el tío).

Lorenzo Silva no deja escapar la oportunidad de presentarnos la visión que tiene del mundo a día de hoy. Se posiciona claramente en los temas más actuales como: los recortes, el control que ejerce Alemania sobre España, el conflicto de la lengua en Cataluña, el gasto autonómico, la corrupción política, la coordinación entre los diferentes cuerpos de seguridad del estado, las redes sociales…,entre otros temas.
Me ha gustado especialmente uno de los momentos de reflexión de Bevilacqua (y tiene varios, casi diría que muchos), donde el autor en boca de su personaje deja ir que no es lo mismo que los políticos o banqueros se salten las normas, a que lo hagan los policías, pues el daño en la confianza del pueblo es casi irreparable. A todos nos prima la seguridad, vivir tranquilos, aunque el tema de los políticos y los banqueros no creo que diste mucho del término irreparable. Si no podemos confiar en los bancos para que nos guarden nuestros pequeños ahorros, y no podemos confiar en los políticos para que organicen el cotarro, mal vamos.

Ya casi para acabar. Creo que los seguidores de la serie, como yo, disfrutaran mucho al ver como el pasado de Bevilacqua vuelve, se postra ante él y tiene que ganarle la partida. ¿Qué hizo el brigada en su pasado que tanto le corroe?

En definitiva, una lectura que recomiendo a los amantes de la novela negra y policial, así como a los que no se han enfrentado mucha a ella. Podría el inicio de una larga relación.

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