martes, 19 de febrero de 2013

La trama Fibonacci de Karmelo Gañán



La trama Fibonacci de Karmelo Gañan son de aquellas novelas con las que tropiezas por la red y que te vienen ganas de leer.

Os preguntaréis que fue lo que me interesó tanto en ese primer momento. Para empezar: el título. No me puedo resistir a un título que lleve el nombre de un matemático y menos cuando he explicado su teoría tantas veces en el aula. Tenía que saber más, quería saber más sobre esa trama.

Lo segundo: que es una novela negra. Matemáticas y novela negra, dos de mis grandes pasiones. Imposible resistirse.

Y lo tercero: la sátira. Cuesta mucho encontrar novelas cargadas de ella y más aún si están mezcladas con novela negra y matemáticas.

Supongo que ahora no tenéis dudas de lo que me llevó a leerla.



Con todas esas expectativas inicié la lectura de esta novela corta, un formato que siempre os digo que me atrae mucho. Desde sus primeras páginas tuve claro que me iba a reír y más comprobando lo mucho que se parecía en su humor y escenas a Lo mejor que le puede pasar a un cruasán de Pablo Tusset , todo un pelotazo editorial en el 2001 y que recomiendo que os leáis para pasar un buen rato. Además la adaptación a la gran pantalla con Pablo Carbonell de protagonista es muy divertida.



Y no podía parecerse más. Recuerdo que las primeras cincuenta páginas de Tusset era desternillantes, una locura tras otra. Aquí en La trama Fibonacci ocurre un tanto así, pero al hablar de cincuenta páginas casi no estamos refiriendo a la mitad de la novela. Y ahí reside lo mejor de la novela, en esa primera parte.

Me he sentido un poco estafado con la segunda media parte. No soy de los que les gustan los sueños sin más. Reconozco que el autor me la ha sabido colar, aunque en mi defensa diré que empezaba a nota un cierto desbarajuste argumental, como si se le hubiera ido la pinza en dos o tres páginas.

Ha sido entonces cuando mi nivel de satisfacción ha bajado, y es que no se puede aguantar un ritmo como el que llevaba durante toda una novela, ya lo demostró Tusset en la suya, espejo de muchas otras.



En definitiva, una novela que os puede hacer sonreír, que no está mal en su trama, que os puede servir para recordar algunas cosillas de matemáticas recreativas, que os puede recordar a las novelas negras por entregas, y con la que no perderéis mucho si la leéis.


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