jueves, 7 de diciembre de 2017

#Reseña: La caricia de la bestia - Cristina C. Pombo

«Entre una persona que intenta buscar una explicación racional a una realidad y otra que, como no entienden dicha realidad, se limita a negarla, ¿quién es el loco?».

Se me hace complicado la reseña de La caricia de la bestia por todos los altos y bajos que he tenido durante la lectura de la novela. Siempre digo que son mis sensaciones, lo que yo he vivido, y que no tiene que ser lo mismo que vivíais vosotros. Incluso antes de escribirla hice una búsqueda para ver si se habían publicado otras reseñas y lo que me he encontrado es blanco y negro al cincuenta por ciento. Unas coinciden plenamente o en parte con lo que os voy a explicar, otras te cuentan todo lo contrario. Cómo seguro comprenderéis el mundo de la reseña es muy subjetivo y por ello es una tontería entrar en debates que estarían vacíos de contenido, porque en definitiva lo que se debatiría son las sensaciones de un lector enfrentadas a las sensaciones de otro. Yo nunca he querido imponer ni sensaciones. Son mías y de nadie más, pero creo que es de justicia iniciar así la reseña de una novela en la que he sentido luces y sombras.

Primeras páginas cautivadoras y de vital importancia, en mi caso, para aguantar el deseo de leer, pues si no fuera por la curiosidad que sentida por ver cómo la autora resolvía el tema del supuesto zombie, creo que no hubiera llegado a la página cien, pues en más de una ocasión tuve intención de dejar la lectura por unos pequeños detalles que, por suerte, más tarde se suavizaron o quizás yo me acostumbré a ellos.
No me arrepiento de mi decisión de seguir hasta el final la lectura. Creo que la propuesta argumental de la autora se hace atrayente a medida que van pasando las páginas y sobre todo si quitáis el grano de la paja. Además, me ha parecido creíble el desenlace de los supuestos zombies y creo que es una de las gracias de la novela. Detrás de todo ello creo que hay un buen trabajo de documentación de la autora.

Pero las sombras se hacen presentes.
Diálogos demasiado guionizados o diría demasiado del mundo real poco literarios. Se nota que la autora tiene formación en Creatividad y Guión Audiovisual.
No os quiero cansar con ejemplos. Solo os bastará abrir el libro y leer las dos primeras páginas para haceros una idea de lo que digo. He tenido la sensación, o lo que he dicho antes, quizás me he acostumbrado a ellos, pero creo que la intensidad de esos diálogos tan reales se ha ido perdiendo para dar paso a diálogos más fluidos.
Otro punto sombrío es la voz del narrador para mi gusto demasiado participativo, incluso diría que poco omnipresente. Intenta dar explicaciones o sacarle las conclusiones al lector. ¿No debería ser el lector el que sacara sus propias conclusiones de lo que va leyendo y construyendo así su narración interna?
También hay sombras sobre la pareja de policías protagonistas. No me ha convencido nada. Feeling forzado y previsible.
Y qué decir de Laura Tébar, insoportable. Casi consigue sacarme de mis casillas. Pensándolo bien, ¿no sería un punto a favor de la autora al conseguir hacerme sentir? La he encontrado demasiado extrema y con unas contestaciones impropias de una mujer de cincuenta y cinco años. No he conectado ni un segundo con ella y por ello que muchas veces se me pasara por la cabeza dejar la lectura.
Tampoco entiendo los continuos, voy a llamarlos, chistes machistas de mal gusto. La novela en algunos momentos denuncia el acoso sexual que podrían recibir algunos policías, pero no sé si ese machismo extremo es la mejor forma de combatirlo.
No quería poner ejemplos, pero este lo tenía guardado:
«-Se nos cruzó un perro en la carretera, estaba mojada, patinamos.
-¿Estaba mojada? -pregunta Méndez con ganas de guasa, mirando a la inspectora.».
Después de leer esto tuve un momento de crisis lectora. No sé como continué y mira que el humor en las novelas me encanta, pero no el de mal gusto.

En definitiva, y como habéis podido leer, una novela plagada de sombras y alguna luz, aunque esta última es bastante potente por ser el motor de toda historia: el argumento.


Título: La caricia de la bestia
Editorial: Espasa
Páginas: 440





 SINOPSIS
En un bosque solitario, dos adolescentes son brutalmente atacados por un ser de una fuerza sobrenatural. En su declaración, ambos sostienen que el agresor es un zombi.

La inspectora Laura Tébar es encargada de la investigación. Se trata de una profesional de 55 años, brillante, solitaria  y con un carácter temible forjado en un pasado lleno de errores imposibles de remediar. Se la respeta y se la teme a partes iguales. Con Tébar, y a su pesar, comienza a trabajar el subinspector Merino, un joven tan inexperto como intuitivo y motivado.

Los dos no pueden ser más opuestos y no tardan en chocar. A través de la novela, el lector asistirá a un auténtico tour de force entre ambos personajes, que pasarán lo suyo antes de permitirse el mínimo respeto mutuo que les permita colaborar y enfrentarse a unos seres tan misteriosos como violentos, que  atacan desde lo más profundo del bosque, parecen invulnerables y desaparecen sin dejar rastro.

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