cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: Lady Killer de Masako Togawa (1963)

jueves, 3 de enero de 2019

Lady Killer de Masako Togawa (1963)


Primera entrada de año y que mejor que publicar una reseña de Noelia Santarén de la llamada P.D.James japonesa, Masako Togawa, una autora que necesitaría una editorial que rescatara sus libros para el disfrute de los lectores negrocriminales.


Pero no me enrollo más. Espero que hayáis tenido una buena entrada de año y que os paséis mucho este 2019 por Cruce de Caminos.

Por Noelia Santarén

Para mí siempre es un placer leer novelas japonesas porque tienen otro ritmo. No me refiero tanto al ritmo interno, narrativo, como a la sensación que se experimenta durante la lectura. Los autores japoneses suelen demorarse en los pequeños detalles, supongo que es un reflejo de su grandiosa cultura estética centrada en la fugacidad del momento. Eso se palpa en la escritura. No vamos a encontrar oleadas de acción, sino un lento fluir por el caudal pasando por todos los recodos, piedras y guijarros del río. No hay olas para surfear pero sí muchos estímulos que saborear.

Masako Togawa(nombre femenino) publicó tan sólo 3 obras: La llave maestra, Lady Killer y Un beso de fuego (en orden de aparición) y las tres fueron un éxito de ventas.
Esta que ocupa la reseña de hoy es la segunda. ¿Por qué no empiezo por la primera? Bueno, pues porque es la más famosa y porque tengo cierta tendencia a saltarme el orden cronológico, me permite aprender más del autor o autora.

Quien espere procedimientos policiales a la usanza occidental mejor que no ponga muchas ilusiones en Lady Killer. Esta novela se lee como un enigma que hay que resolver, más por la satisfacción personal de descubrir qué ha podido pasar, que por el procedimiento criminal.

El señor Honda es el perfecto japonés de clase media alta, casado, con un trabajo bien remunerado, educado, etc., pero por la noche se convierte en una especie de Don Juan rarito. No es el típico chulito devoramujeres que nos viene a la mente cuando escribo estas palabras, sino más bien alguien afable y paciente que busca víctimas ancladas en la soledad sentimental. No las maltrata. Las seduce para pasar la noche con ellas e incluso repite con alguna. Esa es su manera de dejar pasar su existencia. Además, a Honda le encanta adquirir distintas personalidades, disfraces incluso, para recrear mejor a sus personajes. Todo bien hasta que sus compañeras de noche empiezan a aparecer asesinadas. Y todo indica que el asesino es él, pues hay pistas en los escenarios de los crímenes que lo señalan abiertamente a él.

Entorno a esta base se inicia el periplo del protagonista y del lector, pues el lector casi quiere saber más que el propio Honda y experimenta la misma desubicación que el protagonista. Honda está solo y nadie apuesta por su inocencia excepto un viejo abogado, Hatanaka, cuya intuición u olfato de sabueso le dice que hay algo que no acaba de encajar en todo el asunto.

Es verano en Tokio y he podido sentir el calor del gran centro metropolitano. El sabor del polvo reseco. El aire condicionado batallando contra la humedad. También he vivido el ambiente viciado de los garitos nocturnos a los que acude Honda para buscar “presas”, el aire fresco de la madrugada, el sabor del sushi barato junto a una estación de tren.

Dicen que la realidad no es más que el compendio de las proyecciones de cada uno, por eso cada persona ve una parcela distinta. Pero me animo a creer que una gran mayoría de lectores van a ver en Lady Killer la ponzoña de la soledad, especialmente aquella que hace referencia a lo físico; ese anhelo que tiene la carne de que alguien la toque, la acaricie, la reconozca.

El final de la novela no es brillante, pero sí esclarecedor. Y va acompañado de una reflexión sobre la soledad, el ansia del contacto sexual y los miedos internos convertidos en monstruos.
Afiladas como bisturís son las plumas japonesas cuando se trata de practicar cirugía al alma humana. 


 SINOPSIS

El deseo: Fluye, arremete, invade la noche de Tokio, y se cuela en bares, prostíbulos y anodinos partamentos para confundir víctimas y verdugos en una danza macabra de almas y cuerpos que bailan sin tregua y mueren sin razón.

La muerte: Eran jóvenes, atractivas, dispuestas a saborear un instante de placer sin pedir más, y todas han muerto. Sus cuerpos mudos son el símbolo más claro y atroz de esa soledad que tanto duele y tan tristes recompensas nos ofrece.

La venganza: Dura, terrible, pero sabia, sensual y refinada en su factura, la venganza se impone como tema central de Lady Killer.



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