cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: La deriva irrespetuosa

domingo, 15 de diciembre de 2019

La deriva irrespetuosa

Imagen de Rilsonav en Pixabay

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Yo voy al gimnasio a leer. Sí, como lo leéis, a leer. Me pongo mis auriculares inalámbricos, conecto Storytel en mi móvil y me pongo a escuchar una de las magníficas historias que hay dentro de la plataforma de audiolibros.
Una cosa que me gusta es que la misma plataforma se preocupa por tus oídos y te recomienda no superar cierto volumen. Y casi siempre es suficiente menos cuando en el gimnasio me encuentro con un individuo que cree que el local es suyo y pone a todo trapo los altavoces de centro. El estruendo es casi insoportable y por mucho que suba mi volumen me es casi imposible enterarme de nada. Total, que me tengo que quitar los auriculares y dejar de disfrutar de mi momento porque otro impone su ley sin ni siquiera preguntar si molesta o no.
Lo peor de todo es que sabe que molesta, pues ve cómo me tengo que quitar mis auriculares y acomodarme a su atronador ruido. Creo que le resulta satisfactorio; solo le falta picarse en el pecho con los puños con los orangutanes.

En mis clases últimamente tengo que esperar unos minutos hasta que haya silencio para poder comenzar. Llegado a ese punto, debo decir que los alumnos parecen atentos a mis historias, pero cada vez se explica menos en las aulas y se deja más tiempo para practicar, para interactuar, para preguntar, para resolver dudas. Está claro que eso hace que los alumnos hablen, y no hay problema siempre que se mantengan en unos niveles de ruido aceptable. Pero se produce el efecto rebote-eco, no sé cómo llamarle. Para que me entendáis, si un simple alumno sube el tono de su voz por encima de la media tiene un efecto rebote con los de su entorno y hace que estos suban su tono; y tiene un efecto eco con los más alejados que tienen que subir su tono para poder entenderse entre ellos. Total, que la clase se convierte en una especie de pescadería, como les digo a ellos, y tengo que ir dando avisos que duran lo que duran, pues ellos siguen hablando a un volumen sobrepasado, como si estuvieran en la plaza del pueblo, por cierto, plaza que casi no pisan, pues prefieren relacionarse por redes sociales, jugando a la consola de turno o jugando online al dichoso juego de moda.

El otro día hablaban en la radio de que se está poniendo de moda ir al cine a hablar. Poca gente que va al cine y encima se ponen a comentar la película como si estuvieran en el comedor de su casa. Dicen que puede ser el efecto Netflix que cada vez más produce películas que se estrenan en cines y al cabo de unos días pasan a la plataforma. La gente va al cine, ve salir la N de Netflix al inicio de la película y se abre la veda para hablar.

Son pequeños ejemplos de lo que creo es una deriva irrespetuosa de la sociedad actual.
¿Vosotros también opináis que existe esa deriva? ¿Tenéis otros ejemplos que compartir? Seguro que sí.



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