cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: Adiós al editor tradicional «El algoritmo, el Big data, ha llegado para quedarse».

jueves, 23 de enero de 2020

Adiós al editor tradicional
«El algoritmo, el Big data, ha llegado para quedarse».

Hombre viendo pasar un tren. Adiós al editor tradicional. Algoritmo. Big data
Foto de David Hewitt from FreeImages

Los editores son una de las piezas fundamentales en el mundo literario por muchas razones, pero una de las más fundamentales es la toma de decisiones respecto que libros publicar.
En cada decisión se están jugando el patrimonio de las editoriales y por tanto, la subsistencia de muchos profesionales que están detrás de ellas.
Por eso, es tan importante fallar lo menos posible cuando se tira adelante una publicación.

EL RIESGO DE PUBLICAR

A nadie le extraña que el número de libros publicados en una primera edición sea cada vez más bajo. Ya pasaron los tiempos en que se imprimían un millón de ejemplares en una primera edición. Incluso los grandes superventas empiezan a tener limitadas las tiradas. Los grandes números de ahora, en contadas ocasiones, superan los cien mil ejemplares, y cruzando los dedos.
Solo hay que pasarse por la lista de ventas de Nielsen anual para darnos cuenta que grandes nombres del panorama literario español, a duras penas, llegan a los dos mil ejemplares vendidos.

Ante ese panorama, ¿quién se atreve con según que libros? ¿Quién se atreve con según qué número de libros para una primera edición? ¿Las tiradas cortas permiten una buena distribución? ¿Siguen siendo los grandes nombres fiables?

Está claro que, a día de hoy, si se quiere tener un libro en el máximo número de librerías las tiradas no pueden ser excesivamente cortas.
Otro tema sería que cada vez hay menos librerías y que no sabemos si el futuro de la venta de libro se basará en el mercado digital; y no hablo de libros digitales, hablo de comprar libros en papel mediante una plataforma.
Si fuera ese el extremo, el problema de la longitud de las tiradas desaparecería al editarse libros bajo demanda.
Por otro lado, hace unos días leí que ya ha llegado a España una máquina de impresión de libros al instante que lleva años triunfando en Reino Unido. Una librería de Sevilla es de las primeras que está utilizando dicho método. Tú le pides el libro que quieres y te lo imprime en siete minutos. ¿Será ese el futuro de las librerías?
No sé si llegaremos a ese punto, pero está claro que de nuevo el problema de las tiradas desaparecería, pero no el de qué libros publicar.


EL ALGORTIMO YA ESTÁ AQUÍ

Hasta hace unos pocos años, la decisión de publicar un libro u otro se tomaba por la suma del instinto del editor y sus años en el sector.
Hoy en día, existen ya algoritmos que permiten estudiar los gustos de los lectores con mucha precisión entre otros miles de datos.

Y no estoy hablando del algoritmo de Amazon, pero algo tiene que ver. El llamado Big data aporta más datos de los que se pueden analizar. Por eso las editoriales están incorporando a sus plantillas analistas de Big data para que hagan el trabajo de escoger los datos necesarios para saber qué libros demanda el sector.

Los editores comienzan a confiar cada vez más en esos datos cruzados para perfilar nuevas publicaciones destinadas a un público concreto que tienen estudiado y controlado.
Con ello, se aseguran un número de ventas potenciales que de la otra forma no tenía y, por tanto, se puede entender que el riesgo es menor.

ADIÓS AL EDITOR TRADICIONAL

¿Dar paso a los avances tecnológicos, al Big data, puede suponer la muerte del editor tradicional? ¿Existirá el factor sorpresa como pasó con grandes títulos como por ejemplo Soldados de Salamina de Javier Cercas o la, ahora superventas, Patria de Fernando Aramburu?

A mi entender, el editor tradicional se tendrá que reciclar y sacar lo mejor de los avances tecnológicos, pero sin olvidar su oficio y ese olfato que le llevó al éxito.

Los editores tienen que seguir leyendo manuscritos de escritores desconocidos, tienen que seguir buceando en el océano de lo improbable, y tienen que seguir apostando con los ojos cerrados por algunas publicaciones. Además, no pueden olvidarse del filón del autor indie. Estamos viendo cientos de ejemplos de autores que han dado el salto de la autopublicación a la publicación tradicional y con notable éxito. Un ejemplo reciente podría ser el de David Orange y su La chica del semáforo y el hombre de coche. Podría poner muchos más ejemplos, pero ese lo viví casi en primera persona y por ello me siento orgulloso de todo el proceso.

El editor se tendrá que acostumbrar a tener un compañero en su equipo. Sí, es ese analista de datos con el que tendrá que trabajar codo a codo para seleccionar parte de las publicaciones.

Me gustaría pensar que una parte de la producción será la de escritores consagrados en las editoriales, otra parte la que proviene del Big data y una tercera parte la maravillosa incertidumbre de lo desconocido y bueno por conocer.

Creo que de esa forma se podría completar el reciclaje del editor tradicional y dar paso a un editor que está al día, pero que sigue integro con sus ideas sin poner en riesgo a la editorial. Además, a todo esto le tenemos que añadir los bajos niveles de lectura en España y la amenaza de las plataformas audiovisuales. Reciclarse o morir.

Y AHORA EN ESPAÑA

Por lo que parece, aún estamos lejos de que los editores estén reciclados. Según cuentan, las grandes editoriales están utilizando el Big data sobre todo para temas de stock y reimpresiones. Con ello intentan no romper la cadena libro-cliente y tener abastecidas las librerías, es decir, el Big data le anticipa cuando tienen que reimprimir un libro para que todos los clientes los puedan encontrar sin dificultades.

Y hablado de reimprimir. He buscado un artículo muy interesante de Mariana Eguaras en el que explica la diferencia entre nueva edición y nueva reimpresión. Os lo podéis leer, ella lo explica muy bien, pero resumiendo, se está utilizando mal el término. Casi siempre se nos habla de una nueva edición y lo que se debería decir es que se ha reimprimido. Si no hay un cambio sustancial en el libro nunca puede generar una nueva edición.

CONCLUSIÓN

Creo que ha quedado claro que los editores necesitan reciclarse, que deben aprovechar lo bueno de la tecnología para ser más efectivos y obtener más beneficios a la vez de contentar al máximo número de lectores.

Todo ello me lleva a decir que en la toma de decisiones se debe reducir el riesgo, pero dejando un pequeño margen para lo nuevo, para lo arriesgado, para la incertidumbre, pues sino los sentimientos se dejaran de lado y eso lo pueden percibir a la larga los lectores.


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