cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: San Telmo de Fernando Freire «La historia de los anónimos exploradores de la Antártida».

viernes, 22 de mayo de 2020

San Telmo de Fernando Freire
«La historia de los anónimos exploradores de la Antártida».

Un barco surcando el mar de la antártida para dar pie a la verdadera historia de los primeros exploradores anónimos de la antártida a bordo del San Telmo
Imagen de andries Koopmans en Pixabay

Este artículo es un annexo en forma de nota de autor al relato El exvoto de Fernando Freire publicado en Cruce de Caminos y que amplía la historia relatada con los datos reales de esa magnífica aventura. Os recomiendo leer antes el relato y luego este artículo, aunque se puede hacer por separado. 

Hace una semana publiqué en Cruce de Caminos el relato «El exvoto» en el que ficcionaba la historia del barco San Telmo. Se podría considerar al barco y sus tripulantes los primeros exploradores anónimos de la Antártida.
Me dispongo a escribir estas líneas porque me gustaría aclarar algunos puntos en lo referente al anterior relato.
   Mi idea al escribirlo, por una parte, era dar a conocer al gran público una curiosa tradición marinera que no ha dejado de llamarme la atención desde muy pequeño; la tradición de los exvotos. He intentado expresar en el relato, en qué consistía esta curiosa tradición, su significado, y describir la sorpresa que causaría en una persona desconocedora del tema. Por suerte, aún hoy en día, nuestro país todavía cuenta con muchas modestas iglesias y ermitas donde se pueden apreciar estas curiosas ofrendas esparcidas por nuestra hermosa costa.
   Por otra parte, aclarar que la historia del viejo marinero es, en todas sus partes, fruto de mi imaginación. El calificativo con el que se quiera etiquetar a dicha imaginación, queda a cargo del lector que se hubiese interesado en dicha historia, incluida —por supuesto— el hallazgo de un barco de madera —ya no digamos todo un navío de línea— incrustado en un iceberg a la deriva frente a las costas Antárticas. No así la historia del San Telmo.
   Para quien no pueda conocer todavía la historia de este antiguo navío de la Armada Española, me permitiré hacerles un resumen a continuación con los datos que conozco a día de hoy y que me llevaron a escribir sobre él.


   El San Telmo, construido en El Ferrol siguiendo el diseño de José Romero Landa —que sustituyó a Gautier en lo referente en diseño de buques para la Armada Española en 1782— fue botado en junio de 1788. Este buque, con un diseño bastante mejorado, pudo servir en varias misiones a lo largo del globo, enarbolando los colores españoles. Dichas misiones lo llevarían a poner proa a lo largo y ancho del Océano Pacífico, el Océano Atlántico y el Mediterráneo. Aunque puede que la misión más curiosa prestada para la Armada, fuesen una serie de pruebas en las que participaron dos tipos de diseños navales, los «Gauterianos» y los «Ildefonsinos» donde se ponían a prueba las cualidades marineras de cada uno para ver cuál era mejor, ganando los «Ildefonsinos» por ser mucho más maniobreros, perteneciendo el San Telmo a estos últimos.
   Extensa hoja de servicios que terminó casi definitivamente, con la invasión napoleónica, dándole más recursos al Ejército, lo cual llevó a muchos de los barcos de la Armada al deterioro irreversible. Bajo estos hechos, los territorios Españoles Americanos comienzan a sublevarse, y el rey en ese momento, Fernando VII, decide enviar una escuadra al Virreinato de Perú con refuerzos que permitan controlar las revueltas. Fue así como el San Telmo vuelve a hacerse a la mar como buque insignia de la denominada «División del Mar Pacífico», al mando del brigadier Rosendo Porlier. Así, en mayo de 1819, zarpa del puerto de Cádiz las siguientes embarcaciones con rumbo al puerto del Callao: el navío San Telmo, el navío Alejandro I —el único barco que se salvó del desguace de un lote comprado a Rusia y que forma parte de uno de los episodios más pésimos de la administración de la Armada—, la fragata Prueba y la fragata mercante Primorosa Mariana.
   Desde el comienzo de la travesía, se hacía patente el desgaste y los problemas causados por el deterioro en el San Telmo, aunque el que se encontraba en peor estado era el Alejandro I. Pasado el ecuador, se había alcanzado tal situación, que se ordena al Alejandro I que regrese a España, debido sobre todo a su imposibilidad de seguir al resto de la escuadra. Quién sabe si la tragedia que empañaría esta singladura no hubiese sido más dramática si el Alejandro I hubiese intentado bordear el Cabo de Hornos con el resto de sus compañeras de singladura.
   De este modo tenemos a las dos fragatas y el San Telmo que, tras aprovisionarse en algunos puertos de Sudamérica —como Montevideo— parten hacia el sur con la esperanza de bordear el Cabo de Hornos. El 2 de septiembre de 1819 el San Telmo, debido a varias averías —entre ellas una que afectarán ala pala del timón— pierde el gobierno y, a pesar de los intentos de las fragatas para remolcarlo, queda a la deriva en las frías aguas del círculo polar Antártico.
   El destino del navío y de los casi 640 hombres que iban a bordo se volvió desconocido. Algunas expediciones inglesas, uno y tres años después de que se viese al San Telmo por última vez, llegaron a la Antártida y, al parecer, pudieron llegar a constatar por escrito que habrían visto en aquellas heladas costas los restos de un navío que probablemente se trataría del San Telmo. James Weddel —que habría llegado a las costas de la Antártida en 1822— parece ser que no solo habría encontrado los restos de un navío que probablemente habría sido español, sino que habría llegado a la hipótesis de que un grupo de personas podría haber estado en dichas costas durante una larga temporada. Esto podría haberlo constatado gracias a los restos de algunos animales —como focas— que estaban dispersos por la zona, al parecer, tras haber sido cazadas e ingeridas como alimento a los supervivientes de tan aciaga travesía.
   A finales de la década de los noventa, un grupo de geólogos, arqueólogos y marinos de la Armada, con el catedrático de la universidad de Zaragoza, Manuel Martín Bueno a la cabeza, llegaron a explorar la zona en varias expediciones, hallando en la costa algunos restos interesantes, como cierta vestimenta y utensilios que podrían haber sido propiedad de marinos y oficiales españoles de la época del San Telmo, aunque todavía no se ha podido dar con el pecio.
   Lo que sí es cierto, es que a pesar de que los exploradores ingleses, oficialmente, han sido los primeros en pisar el continente Antártico, a día de hoy se le ha dado el nombre de San Telmo island a una isla cerca del cabo Shirreff en la isla Livinstone. Y en esa isla —bautizada con el nombre de nuestro protagonista—, en la playa de la media luna, se podrá encontrar una placa donde se recuerda a los cerca de 640 hombres que iban a bordo del San Telmo. Espero que, emulando al viejo marinero y al joven periodista, estas líneas sirvan también como homenaje a los hombres del San Telmo y como una forma de dar a conocer esta azarosa historia a las personas que todavía no la conozcan.

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3 comentarios:

17 dijo...

Una historia muy interesante, épica incluso. Hoy es de esos días en que puedo decir aquella máxima de no te acostarás sin saber algo nuevo. ¡Y no he hecho otra cosa que levantarme! Gracias a Fernando Freire por el artículo.

David Gómez Hidalgo dijo...

Buenas 17.
Me alegro que te haya gustado. A mí me apasionó cuando Fernando me lo envió y creo que es una historia no muy conocida y de suficiente interés.
Da incluso para novelar.
Saludos.

Margari dijo...

Una historia muy interesante. Y como dices, da para una buena novela.
Besotes!!!