cookieOptions={close}; CRUCE DE CAMINOS: También se hace camino al pedalear de Francisco Javier Rodenas

lunes, 31 de agosto de 2020

También se hace camino al pedalear de Francisco Javier Rodenas



Francisco Javier Rodenas (@FranRomi17)
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El caminante tomó la senda que, en palabras de Machado, no se ha de volver a pisar. Pero el caminante ya la había pisado, una y otra vez. La había explorado minuciosamente, la había medido, había calculado hasta la última de sus variables, hasta el más ínfimo factor presente. La conocía bien, conocía su orografía y había obtenido de ella resultados más que satisfactorios.

Pero el caminante sabía que algo se le escapaba, un elemento que nada tenía que ver con cifras, estadísticas u operaciones. Como buen matemático, se resistía a variar su método; como hombre de letras, luchaba por introducir ese elemento en su viaje vital.


Finalmente le pudo más su faceta literaria y dejó que fueran otros aspectos del camino quienes gobernaran su rumbo. Fue entonces cuando este se tornó pedregoso y empinado. Avanzaba con convicción, con enorme trabajo y, a cada paso, sus fuerzas se agotaban más y más.

Llegó a aquel cruce de caminos y supo que, de la decisión que tomara, el futuro podía ser uno u otro. En ese instante, vio llegar al pelotón, esa serpiente colorida y sinuosa de la que siempre se había sentido parte. Observó cómo llegaba, pasaba a su lado y se alejaba. El cruce de caminos se volvió muy confuso para él. ¿Derecha o izquierda? ¿Qué decisión tomar? El caminante deseaba con todas sus fuerzas marchar en ambos sentidos, pero sabía de lo difícil de la empresa. Era un David enfrentado a su propio Goliat.

Dotado de una magia especial, probó a desdoblarse, a ser un ente partido capaz de actuar en dos frentes al mismo tiempo. A punto estuvo de lograrlo, pero la dificultad era inmensa y él solo un hombre, dotado de una fuerza inimaginable, pero un hombre al fin y al cabo.

Asumiendo la realidad, guardó en su mochila todos los números y todas las letras que residían en su alma y comenzó a pedalear. En silencio, en solitario, con la paciencia infinita de quien sabe que, pase lo que pase, siempre habrá un horizonte al que llegar.


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